Cichlid Room Companion

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Cíclidos del Río Puerto Viejo, Costa Rica

Por , 2000. printer
Publicado
Ron Coleman,

Traductor: Antón David Pérez Rodríguez (28-dic.-2001)

Clasificación: Ecología y medio ambiente, Centro y norte -américa.

(Este artículo fue originalmente publicado en Cichlid News Magazine Ene-99 pp. 6-12, se reproduce aquí con el permiso del autor Ron Coleman y de Aquatic promotions).
Rio Puerto Viejo
El rio Puerto viejo en Costa Rica, corriendo en la sombra de la foresta tropical en donde los troncos hundidos son sitios de cría críticos para los cíclidos. Fotos por Ron Coleman.

Así como hay diversas maneras de divertirse cuidando cíclidos, también hay diferentes formas de pasarlo bien con estos peces en la naturaleza. En artículos anteriores de Cichlids News, autores como Stan Sung, Laif DeMaison y otros han relatado sus expediciones de colecta en América Central. Han visitado muchos lugares fabulosos y han recogido un montón de peces preciosos. En este artículo prefiero centrarme en un lugar particular, un tramo de un kilómetro de longitud del río Puerto Viejo, en el noroeste de Costa Rica; y en los cíclidos que en él viven.

La particular geografía centroamericana es la causante de la gran variedad de peces de la región. Las montañas recorren toda la parte central de Centroamérica de norte a sur, y por regla general los ríos circulan desde ellas hacia el este o hacia el oeste, sin relacionarse ambas vertientes. Así que cada una ha desarrollado su conjunto de peces particular, cíclidos y otros. Así mismo, en cada río encontramos ambientes muy distintos, desde remansos arenosos a rápidos rocosos, cada uno con sus peces particulares, desde los más pequeños hasta los gigantes depredadores, pasando por los de mediana talla.

La cordillera montañosa al centro de Centroamérica y alineada de norte a sur ha contribuido a la gran especiación que los cíclidos han llevado a cabo

Para poder ver toda la variedad de cíclidos de una región hay que visitar todos los cursos de agua. Sin embargo, para estudiar las relaciones de una comunidad en concreto hay que centrarse en esa región determinada, que es lo que yo plasmo aquí.

Aunque a veces la observación puede no ser tan buena como se esperaba. El agua de Centroamérica no es lo que se dice muy trasparente. La combinación de algas en suspensión y de sedimentos arrastrados reduce enormemente la visibilidad. Por otra parte, las algas son lo único verde que crece en esta aguas, carentes de plantas acuáticas. Por otra parte, los peces no van precisamente exhibiéndose ante el explorador, pero esto es parte de lo divertido que tiene el observar cíclidos silvestres. De cualquier forma, el río Puerto Viejo es bastante agradable comparado con lo común entre los ríos tropicales. No nadan por él serpientes venenosas (que se dedican a colonizar por completo las orillas) y tampoco hay cocodrilos (sólo caimanes, pero no suelen pasar de dos metros). Me crucé con uno buceando, y bastante de cerca, pero cada uno nos fuimos por nuestro lado.

He tenido la fortuna de visitar este río en concreto en cuatro ocasiones: En el verano de 1989 y en marzo en 1996, 1997 y 1998, mientras me dedicaba a estudiar cómo evolucionaron los cuidados paternales entre los cíclidos. En cada viaje me pasé alrededor de tres semanas buceando cada día por el mismo kilómetro de río, intentando aprender todo lo posible acerca de su comunidad de peces. Durante mis cuatro visitas he inspeccionado los lugares de puesta de cada una de las especies de cíclido del río. Este artículo quiere ilustrar toda la complejidad de relaciones que se desarrollan bajo las aguas del Puerto Viejo.

Hay ocho especies de cíclido en el río, en concreto: Archocentrus septemfasciatus, A. nigrofasciatus, Astatheros alfari, A. rostratus, Hypsophrys nicaraguensis, Neetroplus nematopus, Tomocichla tuba y Parachromis dovii.

Los más pequeños son Archocentrus septemfasciatus y A. nigrofasciatus (el famoso cíclido convicto). Los machos de cada una de estas especies alcanzan los trece centímetros, pero las hembras apenas llegan a los diez. El convicto es lo suficientemente escaso como para que me emocionara cada vez que lo conseguía ver, a pesar de lo común que pueda ser dentro de la afición. Es un pez típico del noroeste costarricense, pero en concreto en el río Puerto Viejo se ve desplazado por su pariente cercano el A. septemfasciatus. Más brillantemente coloreados y mejores criadores, hay docenas de familias de estos peces en la zona, cerca de raíces y ramas sumergidas y los apilamientos rocosos. Desovan en pequeños agujeros en la orilla del río o entre las rocas, llenas de refugios en los que se pueden ocultar los pequeños alevines.

Cíclidos Rio Puerto Viejo
Cíclidos del rio Puerto Viejo; Una hembra Archocentrus septemfasciatus en coloración de cortejo, a la derecha una hembra Astatheros alfari abanicando sus huevecillos depositados sobre un tronco sumergido. En la segunda fila hay un típico habitat de cría de A. septemfasciatus bajo las raices sumergidas de un árbol, y a la derecha las "huellas" de un Astatheros rostratus alimentándose en el área. La tercera fila a la izquierda muestra una hembra A. rostratus cuidando sus huevecillos en agua con sedimentos, y a la derecha una pareja de Hypsophrys nicaraguensis en donde el macho es normalmente mucho mas grande que la hembra, ellos excavan cuevas para colocar sus huevecillos no adhesivos como se puede ver en la foto a la izquierda en fila, a la derecha puedes ver una pareja en cría de Neetroplus nematopus, quienes muestran el color de reproducción negro con una barra vertical blanca. Fotos por Ron Coleman.

Astatheros alfari no es un pez muy común, y es difícil encontrar parejas reproductoras. Desovan sobre superficies expuestas o raíces sumergidas, que deben situarse en zonas tranquilas. Los machos alcanzan los veinticuatro centímetros, las hembras mucho menos (cerca de quince). Los padres con crías se reconocen fácilmente gracias al brillo amarillento que adquieren los bordes de sus aletas ventrales. Las aletas coloreadas son un punto de referencia para las crías y pueden ser la única cosa visible en el agua turbia. El peligro se señala agitando rápido estas "banderas" los que hace que los alevines se agrupen en torno a sus padres o corran a esconderse por el fondo.

El siguiente protagonista es el Astatheros rostratus, una especie rara que se encuentra en muy pocos lugares del área de estudio. Sin embargo, no se me hacía difícil el localizarla, una vez que descubrí su secreto. Como sugiere su nombre, este pez tiene un hocico pronunciado que funciona como una aspiradora. El pez se mueve a lo largo de su área de campeo, tragando tierra a su paso. El pez se queda con las algas e invertebrados aprovechables y desecha lo demás. Sólo después de ver comer a un gran macho descubrí que un conjunto de pequeños ahujeros en el sustrato esparcidos por el fondo que me tenían muy intrigado eran el resultado del particular modo de alimentarse del pez, y desde entonces ya supe que podría encontrar la especie cerca de donde hubiera estas depresiones.

El pez en sí es bonito, no como los despampanantes peces de los arrecifes o de los lagos del valle del Rift, pero el conjunto de azul y blanco y sus aletas punteadas le hacen destacar entre las sombras, Yo le llamo el pez fantasma, por lo rápido que desaparece. Como vive en zonas cenagosas, es realmente difícil de ver, a pesar de su tamaño. Los machos alcanzan los veinticinco centímetros, algo menos las hembras. Muchas veces lo único que yo llegaba a ver eran dos grandes manchas nadando a través del agua borrosa.

Al principio nunca conseguía descubrir dónde desovaban estos peces, pero luego descubrí el truco: estos peces "señalan" su nido. Primero hay que encontrar un individuo que parezca decidido a permanecer en un área concreta rodeada de agua cenagosa (un síntoma seguro de nidificación). Si uno nada pausadamente hacia el pez, éste se aleja, pero regresa tomando una dirección particular; ya tenemos una línea. De nuevo lo espantamos y de nuevo regresa señalando hacia el nido. Triangulando ambas líneas encontramos el lugar de la puesta, donde, semi-enterrados en el fango de la superficie de una raíz, reposan unos mil pequeños huevecillos.

Hypsophrys nicaraguense son los únicos cíclidos centroamericanos que ponen huevos no adhesivos

Hypsophryps nicaraguense es un pez fascinante. Como muchos acuaristas ya saben, los "nics" (como a veces se les llama) son los únicos cíclidos centroamericanos que ponen huevos no adhesivos. Los brillantes huevos amarillos con frecuencia acaban esparcidos por todo el fondo del acuario. Ahora sé el porqué de esta característica: este pez desova en túneles. Esto acabé descubriéndolo en mi tercer viaje al río. En el primero, me sorprendió el ver que los nics a veces se quedaban quietos a la entrada de un hueco, sin motivo aparente. Ni comían ni iban a ningún lado, las dos cosas que suelen hacer los cíclidos.

En mi segundo viaje me fijé en que estos agujeros parecían situarse en zonas determinadas. Una vez me pareció ver a uno de los peces meterse en un agujero. Probé con mi mano, pero no encontré nada. La respuesta se hizo de rogar todavía un año más. Al año siguiente volví equipado con tecnología punta: una linterna subacuática. En poco tiempo se abrió ante mí un nuevo mundo. Al enfocar dentro de uno de estos agujeros (un túnel de ocho centímetros de diámetro y veinticinco de profundidad) se presentaron ante mí, formando una ordenada pila, los característicos huevos amarillo brillante de esta especie. Había encontrado del nido perdido del H. nicaraguense. En media hora encontré varios más, y el misterio quedó resuelto. Los nics excavan túneles horizontales en los bancos de arcilla, en ocasiones formando verdaderas colonias. Sospecho que esto pueda deberse a que la consistencia de la arcilla no es igual en todas las zonas. Estas zonas varían de un año a otro, en la medida en que las crecidas descubren o tapan los bancos de arcilla. Los nidos son excavados tanto por el macho (20-22 cm) como por la hembra (15 cm).

El Neetroplus nematopus también nidifica en huecos, pero es mucho más oportunista. En vez de los huecos abandonados por los nics, este cíclido parece preferir los excavados por gambas o cangrejos, o usa raíces huecas o cuevas entre rocas. Es un pez pequeño, los machos a veces llegan a los quince centímetros, pero las hembras se quedan en los siete o diez. Yo descubrí sus escondidos lugares de nidificación cuando vi a uno de ellos quieto, ventilando la boca de una raíz hueca. Ventilando, es decir, enviando agua hacia la entrada a base de mover las aletas pectorales, para así enviar oxígeno a los huevos de dentro. Cuando vi al pez en tal situación supuse que dentro debían estar los huevos, y en efecto allí estaban. He encontrado más nidos de Neetroplus, así que ahora ya sé dónde mirar. Incluso una pareja había desovado en un tubo de PVC abandonado en el río.

El pez más impactante (y desde luego mi favorito) de esta comunidad es Tomocichla tuba. Es bastante común, y un día determinado conté unas veinte parejas dentro de mi zona de estudio. Es un pez grande, fácil de ver: Los machos alcanzan los treinta y cinco centímetros, y las hembras veintidós. La librea no reproductora de ambos sexos es una combinación de verdes, grises y amarillos, pero cuando crían son espectaculares. Ambos sexos desarrollan una brillante cabeza blanca que parece decorada con trazos de tinta, y una línea negra recorre el cuerpo desde la aleta pectoral hasta la caudal (una combinación inconfundible). Durante la puesta, la línea horizontal se convierte en franjas verticales negras, separadas por blanco o amarillo. Las hembras pueden presentar manchas rojas en estas zonas. Los machos presentan pronunciadas jorobas cefálicas, grandes y delgadas. Son peces rápidos, capaces de nadar a velocidades extraordinarias. Son comunes porque ponen sus grandes huevos en los rápidos, donde no compiten con ninguna otra especie. De los huevos salen grandes alevines coloreados como abejorros que son capaces de nadar contra las grandes corrientes desde el primer día. Es realmente emocionante ver a una pareja de Tomocichla tuba abrirse paso con su nube de crías detrás, enfrentándose a una corriente tal que hay que sujetarse a una raíz para no ser arrastrado.

La última y mayor especie es el guapote Parachromis dovii. No son comunes, pero son los principales depredadores de la comunidad. En un kilómetro estimo que no habría más de doce hembras, y probablemente menos machos. Los machos son grandes, de hasta sesenta centímetros. Rara vez me encontraba con un macho, y cuando lo hacíamos solía ser porque ambos nos poníamos a rodear una raíz al mismo tiempo. En un abrir y cerrar de ojos el pez ya había desaparecido. Las hembras aún son bastante grandes, de hasta treinta centímetros, y con una boca impresionante. En media docena de ocasiones me encontré hembras cuidando de sus alevines. Es interesante ver que los machos nunca se involucran en el cuidado de las crías, al contrario que el resto de los cíclidos de la comunidad. Los alevines permanecen junto a su madre mucho tiempo y crecerán hasta los tres centímetros antes de dejarla. Aún no he descubierto dónde desovan estos peces. Hay algunos lugares que aún no he podido inspeccionar, como grandes raíces huecas o cuevas en la base de árboles sumergidos. Tal vez la próxima vez....

Tomocichla tuba
Una pareja reproductiva de Tomocichla tuba cuidando sus huevecillos. Fotos por Ron Coleman.

Cita

Coleman, Ron. (marzo 12, 2000). "Cíclidos del Río Puerto Viejo, Costa Rica". Cichlid Room Companion. Consultado en marzo 05, 2021, desde: https://cichlidae.com/article.php?id=132&lang=es.

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