Cichlid Room Companion

Acuarios cría

Archocentrus myrnae Loiselle, 1997

Por , 2000. printer
Publicado
Manuel Zapater Galve, 2000

Traductor: Manuel Zapater Galve (20-jul.-2000)

Clasificación: Mantenimiento en cautiverio, Centro y norte -américa.

" Experiencias de reproducción en cautiverio de Archocentrus myrnae Loiselle, 1997 "

Archocentrus myrnae
Hembra de Archocentrus myrnae cuidando a sus crías en el acuario. Foto por Manuel Zapater Galve.

Un nuevo cíclido centroamericano para nuestros acuarios en España.

A veces, fuera de los circuitos comerciales habituales, algunos de nosotros tenemos la suerte de acceder a especies casi desconocidas, bien sea por su rareza o por su reciente descripción, como lo es en este caso. Esto es un gran aliciente para los aficionados de países como España, en los que los cíclidos no son más que una mera anécdota en el comercio especializado.

Esta es pues la historia de Archocentrus myrnae, un cíclido descrito en 1,997, proveniente de un afluente del río Sixaola en Costa Rica, río que hace frontera entre este país y su vecina Panamá. Colectado por Juan Miguel Artigas, los datos que él mismo me ha proporcionado para el propósito de este artículo son los siguientes: las aguas son claras, de flujo rápido, poco profundas y el fondo arenoso, la temperatura arroja en primavera unos valores de 26°C, el pH es de 8.4, netamente alcalino por tanto. Allí vive junto a otro cíclido: Astatheros bussingi.

Los ejemplares salvajes de los que proceden los que ahora nadan en mis acuarios fueron colectados en 1998 por Derek Lambert y Arthur Frisby, acuaristas ingleses, en un tributario del rio Sixaola en las inmediaciones de Bri-bri, en sureste de Costa Rica. De esos especimenes Derek regaló a Juan Miguel una pareja de crías que crecieron y se reprodujeron. Posteriormente el mismo Juan Miguel visitó el área de colecta y fue nuestro mutuo amigo José Luis Blanco el que, aprovechando un viaje de prospección acuariófila a México, me los trajo hasta España.

Macho Archocentrus myrnae
Hembra Archocentrus myrnae
Macho (arriba) y hembra (abajo) de Archocentrus myrnae en el acuario. Peces y Fotos por Manuel Zapater Galve.

Hembra Archocentrus myrnae
Crías de Archocentrus myrnae en el acuario. Peces y Fotos por Manuel Zapater Galve.

Lo cierto es que yo no sabía qué peces eran los que Juan Miguel me quería enviar, pero los comentarios favorables de José Luis me aseguraron que se trataba de una especie atractiva, resistente y suficientemente sociable como para convivir con otros peces de menos tamaño. Habiéndome dedicado a los cíclidos africanos durante bastantes años, no sabía de qué especie se trataba, a lo que tampoco ayudaba la confusión que en esos momentos había entre estos peces y otra especie del mismo género, morfológicamente bastante similar: Archocentrus septemfasciatus.

Así pues, en enero de este año 2,000 llegaron tras un largo viaje de avión un grupo de cinco peces, de los cuales tres eran netamente mayores, mostrando los dos más pequeños una mancha negra en la aleta dorsal. La forma del cuerpo era la típica de su género, bastante redondeada, las aletas eran transparentes, con la excepción anteriormente citada, en la parte central del cuerpo había un ocelo negro, el color sobre la línea superior era marrón claro y por debajo de ella amarillo metálico. Sin embargo, lo primero que llamaba la atención al verlos era su iris azul metálico.

No tardaron en mostrarse como peces tímidos y recelosos, a pesar de que se alimentaban bien y crecían rápidamente. En su acuario de 80 l vivían junto a unos Xiphophorus helleri, pero era claro que no era suficiente para todos, así que los pasé a otro de 120 l. Allí crecieron rápidamente y se empezaba a manifestar una tensión entre los machos. Ya que no quería correr riesgos con una especie tan rara, preparé el que estaba destinado a ser su acuario definitivo, 1 m x 40 cm x 50 cm (200 l) decorado con tres grandes cepas de madera curada, una playa de arena silícea de color amarillo claro, con una docena de helechos de Java (Microsorium pteropus), y unos pocos ejemplares de Cryptocorine sp. y Crinum thaianum completaban la vegetación. Tras las maderas había dispuesto unas cuantas macetas de barro y cocos partidos por la mitad que esperaba que pudieran ser utilizados para las puestas. Los únicos compañeros de los cíclidos son una quincena de guppys de tipo salvaje adquiridos en un acuario también en México.

Pensé que la mejor manera de formar una pareja sería introducir un macho y una hembra en este acuario, una vez que la filtración compuesta por un filtro Eheim® de mochila y otro Azoo® de esponja funcionaban ya a pleno rendimiento y el agua parecía encontrarse en óptimas condiciones. La temperatura se estabilizó en 26°C y cada semana se cambiaba un 25% (50 l) de agua. Los parámetros fisico-químicos del agua eran los siguientes: pH: 7.8, dureza: 20°GH, temperatura: 26° C. La iluminación corresponde a dos tubos fluorescentes de 30 w cada uno, encendidos durante 10 horas al día.

La alimentación de los peces está basada en papillas caseras congeladas a base de pescado blanco y vegetales, Artemia congelada y larvas de mosquito negras y Daphnias vivas, lo que parecen preferir a los detritus y restos vegetales citados en la bibliografía como base de su alimentación.

A pesar de todos estos cuidados, la pareja no acababa de funcionar y pasaban casi todo el día escondidos e ignorándose mutuamente. Con la suposición de que quizás la presencia de otros peces similares les haría unirse para defender un territorio propio, introduje en el acuario a los otros tres peces que tenía separados.

La respuesta no se hizo esperar, a la semana de esta introducción, los dos peces que más tiempo llevaban en el acuario se apropiaron de aproximadamente la cuarta parte del acuario, en concreto de la zona por donde caía la comida. La hembra cambió de forma drástica su librea, mostrando una gran mancha cobriza en el vientre (similar a la que exhiben las hembras de A. nigrofasciatus), el color de fondo del cuerpo era marrón claro y la cabeza y parte inferior del cuerpo se había vuelto negra, así como el iris de sus ojos. El macho era algo más agresivo (si es que este pez puede serlo), no permitiendo la entrada de los otros tres cíclidos e incluso expulsando a los guppys. Seguía manteniendo su color original. Aproximadamente una semana después, noté que ambos peces tenían el tubo ovopositor claramente patente. Los dos peces se dirigían cada pocos minutos a la parte no visible del acuario, por lo que fue difícil encontrar el lugar de la puesta, que estaba en la parte trasera de una de las maderas, en la cual había una grieta de aproximadamente 10 cm de longitud por 4 cm de anchura y 4 cm de profundidad.

A partir de ese momento sólo quedaba esperar el momento en el que salieran a pasear los alevines por el acuario. Por desgracia, no había podido presenciar la puesta, pero ya sabía que la otra pareja que se había formado en la parte derecha del acuario estaba próxima a desovar.

El desove de estos dos se produjo en el interior de un tiesto de barro, en una zona mucho más visible y además coincidió con la primera excursión de los alevines de la otra pareja. La hembra incitaba al macho a dirigirse hasta este lugar, que había limpiado previamente, desplegando sus aletas y situándose perpendicular al macho, se agitaba, mostrando el color brillante de su vientre. Poco a poco, unos 150 huevos fueron depositados en la parte superior de este tiesto. A partir de este momento sólo la hembra se hizo cargo de los mismos, quedando en el macho la responsabilidad de defender el territorio. Cuatro días después observé como las larvas recién eclosionadas eran recogidas por la hembra con su boca y trasladadas al interior de un coco, en el cual pasarían escondidos una semana más hasta que una nube de más de cien alevines acompañó a sus padres en busca de comida por todo el acuario. Esta segunda pareja intentó apropiarse de casi todo el acuario a pesar de que la treintena de alevines de la primera pareja alcanzaba ya más de medio centímetro.

La alimentación de los alevines, además de cualquier cosa comestible que encontraban sobre todas las superficies del acuario eran nauplios de Artemia, distribuidos por lo menos 5 veces al día, con una jeringuilla sobre los alevines. El único problema era que casi la mitad de ellos eran consumidos por los guppys mientras descendían por la columna de agua (por otra parte así he conseguido unos guppys bastante aceptables).

Los cuidados parentales son excelentes, estando la hembra siempre próxima a los alevines y el macho encima de la nube, protegiendo el conjunto. La respuesta de los alevines parece estar motivada por el color negro de las aletas pelvianas de sus padres. Hay que destacar que los guppys fueron elegidos como peces acompañantes debido a que no se había visto que atacaran a sus propios alevines, por lo que no se esperaba que depredaran sobre los alevines de los cíclidos, lo que así ha sido hasta el momento. En correspondencia, tampoco los cíclidos parecen comerse los alevines de los vivíparos, por lo que su número ha ido incrementándose rápidamente.

El calor del verano en España, parece no gustar demasiado a los cíclidos, los casi 30° C de temperatura, unidos a la superpoblación de alevines de 2 cm (que son completamente tolerados por los padres en sus territorios), parece que han hecho que cesen las reproducciones por el momento, aunque es muy probable que pronto se obtengan nuevas puestas.

Se trata de una especie atractiva y de comportamiento sociable que puede convertirse en muy popular en los próximos tiempos debido a su tamaño y facilidad de reproducción, espero que este artículo sirva para popularizarlo entre los aficionados a los cíclidos.

Archocentrus myrnae

Acuario de cría de Archocentrus myrnae. Foto por Manuel Zapater Galve.

Cita

Zapater Galve, Manuel. (agosto 07, 2000). "Archocentrus myrnae Loiselle, 1997". Cichlid Room Companion. Consultado en octubre 13, 2019, desde: https://cichlidae.com/article.php?id=212&lang=es.