Cichlid Room Companion

Acuarios cría

Labeotropheus trewavasae Fryer, 1956

Por , 2000. printer
Publicado
Manuel Zapater Galve, 2000

Traductor: Manuel Zapater Galve (20-ene.-2000)

Clasificación: Mantenimiento en cautiverio, Lago Malawi.

" Experiencias de reproducción en cautiverio de Labeotropheus trewavasae Fryer, 1956 "

A veces, en la vida de un aficionado a los acuarios se plantean circunstancias curiosas, que se deben resolver en poco tiempo y teniendo un escaso margen de error. En mi caso, mi colección de incubadores bucales del lago Malawi había ido disminuyendo con los años y hace unos meses ya sólo me quedaban un trío de Labeotropheus trewavasae "red top" y un macho y 4 hembras de Labidochromis exasperatus.

Labeotropheus trewavasae
Pareja de Labeotropheus trewavasae (macho al frente) en típica posición "T". Foto por José Luis Blanco Barlés.

Entonces mi hermano decidió instalar un acuario de 450 l en su casa, que podría albergarlos más ampliamente, en compañía de otros cíclidos africanos. El problema que se me planteaba era que sabiendo que apenas dos meses después me despediría de ellos, quería conseguir reproducir al menos una de las dos hembras, para poder quedarme algunos alevines de esta especie que me gusta tanto.

Viendo que en mi acuario de 200 l (1m x 40 cm x 50 cm) el macho era el jefe y una de las dos hembras presentaba un vientre bastante abultado y perseguía a la dominada haciéndole la vida imposible, decidí tentar la suerte y hacer un intento a la desesperada. Preparé un acuario de 80 l con una capa de arena de sílice de granulometría fina de unos 3 cm de espesor y dos grupos de rocas situados en las esquinas posteriores para proporcionar refugio a los peces.

Como filtro utilicé un Eheim de mochila de un caudal aproximado de 200 l/h según el fabricante, sustituyendo las esponjas originales por perlón procedente del filtro de otro acuario que ya estaba en funcionamiento desde mucho antes. La iluminación estaba compuesta por dos Biolux de 18 w cada uno, que funcionaban 12 horas diarias. Dado que mis peces están acostumbrados al agua de distribución de Zaragoza (España) con un pH medio de 7.7 y una dureza de 25°GH, no modifiqué estas condiciones, pues se acercan aceptablemente a las condiciones naturales del lago Malawi (por lo menos los peces no parecen preocuparse por la diferencia). Para acelerar la puesta en marcha del acuario utilicé un 50 % de agua del acuario de mantenimiento y otro 50 % de agua nueva del grifo. La temperatura fue fijada a 27°C, dos grados más que en el acuario de mantenimiento. Cada semana renovaba un 25 % del agua y limpiaba parcialmente el material filtrante.

Capturé a la hembra dominante después de desmontar el decorado del tanque de 200 l y la pasé por la noche a su nuevo hogar. Mientras esperaba que se adaptara a las nuevas condiciones, la alimentaba tres veces al día con Artemia congelada, Daphnias vivas procedentes de mi cultivo y una pasta congelada a base de merluza, plátano, zanahoria, espinacas e hígado de pollo. Los primeros días los pasó escondida detrás de las rocas saliendo sólo para comer, pero cuando vi que ya estaba más tranquila, pasé al macho, que también había estado beneficiándose de una buena alimentación durante este tiempo.

Los primeros días fueron un poco caóticos, ya que mientras el macho entro rápidamente en celo y se mostraba dispuesto a reproducirse, la hembra entró en un estado de pánico debido a la agitación de su compañero y volvió a esconderse para evitar ser acosada por este. La única solución que se me ocurrió para solucionar el problema fue introducir a la segunda hembra, que al haber retirado a la dominante se encontró con un ambiente propicio en su acuario para recuperarse y engordar. Esperaba que de este modo la hembra de mayor tamaño se viera estimulada a reproducirse.

Después de dos o tres días de desconcierto general, no pudiendo ver a los peces más que cuando los alimentaba, empezó a suceder lo que yo esperaba. El macho recuperó todo su intenso color azul y la hembra más grande mantenía a raya a la segunda que apenas salía de su refugio, aunque no parecía peligrar su integridad, por lo que decidí mantenerla en el acuario.

Entonces el macho excavó en la arena un cráter de unos 10 cm de diámetro en una de las esquinas del acuario e intentó atraer a la hembra hacia ese lugar. Era patente el tubo ovopositor en ambos. Una vez convencida, la hembra comenzó a efectuar pasadas sobre el nido, depositando cada vez unos cuantos huevos que eran fecundados por el macho, mientras la hembra esperaba entonces en perpendicular al cuerpo de este, lo que es conocido como la clásica posición en "T" de los incubadores bucales. Los huevos eran recogidos por la hembra y guardados en su boca, después de lo cual volvía a repetirse todo el proceso. Debido a los 8 cm de tamaño de la hembra, calculo que el número de huevos rondaría los 25.

Labeotropheus trewavasae
Jovén de Labeotropheus trewavasae, unos dias después de salir de la boca de la madre.Foto por José Luis Blanco Barlés.

Labeotropheus trewavasae
Hembra jovén de Labeotropheus trewavasae. Foto por Manuel Zapater Galve.

Después de verificar la reproducción, con el objetivo de dejar que la hembra estuviera lo más tranquila posible retiré a la otra pareja, que no llegó a reproducirse ya en mis acuarios, y esperé 20 días antes de decidirme a liberar los alevines de forma artificial. Sabiendo que a esas temperaturas la incubación ronda los 25 días, me pareció un buen momento para coger a la hembra y sujetándola con la mano izquierda previamente mojada, empujé el labio inferior hacia abajo para abrir su boca, mientras la mantenía cabeza abajo, con solo medio cuerpo sumergido en un cubo de unos 5 l de agua. Ante mi sorpresa, los 19 alevines que obtuve estaban perfectamente desarrollados.

Una de las curiosidades de esta especie es la posibilidad de distinguir machos y hembras desde el primer momento, ya que los primeros son de color gris oscuro mientras que las últimas son anaranjadas. Así pues tenía 10 machos y 9 hembras que pasaron a un acuario de 10 l en compañía de 2 Pomacea sp (caracoles manzana). Este acuario se mantenía a 25° C, renovando cada día un 50 % de agua después de sifonar todos los residuos. Al no disponer de un filtro tan pequeño, un difusor de aire aseguraba un ligero movimiento del agua.

El crecimiento de los alevines, alimentados al menos 5 veces al día con Artemia adulta congelada, comida en polvo para alevines de discos, papillas congeladas y escamas finamente machacadas, era rápido, aunque un error me hizo perder dos de ellos. Hay que tener en cuenta que los alevines de los incubadores bucales del grupo de los mbunas es corriente que deban buscarse la vida una vez que salen de la boca de su madre, así que se refugian entre las rocas y hacen pequeñas salidas cuando detectan alimento cerca. Es por ello, que en un tanque desnudo, sin otro refugio que los dos caracoles, algunos de ellos se estresaran más de la cuenta y murieron. Una vez detectado el problema (peces con color demasiado oscuro, escondidos en las esquinas, alimentándose poco, etc), la simple introducción de una roca que cubría escasamente una quinta parte de la superficie fue suficiente para que todos se refugiaran debajo y se calmaran apreciablemente.

Cuando los restantes 17 llegaron a los 2 cm de longitud, dado que nos encontrábamos en verano, pasaron a un depósito de 1.000 l situado en un invernadero ya que por motivo de las vacaciones, no iba poder atenderlos durante parte del mes de agosto, así que allí quedaron, encargándose mi hermano de alimentarlos cada día con escamas, junto a los alevines de xipho con los que compartían el depósito.

En septiembre, al recuperarlos, quedaban sólo 15, pero con muy buen aspecto, así que pasaron a un acuario de crecimiento de 140 l, hasta que al llegar a los 5 cm de longitud, los machos empezaron a desarrollar un instinto territorial que los hacía peligrosos, por lo que tuve que deshacerme de ellos, conservando únicamente 3 hembras que fueron al acuario de mi hermano y un macho de reserva que tengo yo.

En resumen, se trata de una experiencia que no sé si podrá ser reproducible por otros aficionados con sus incubadores bucales, pero que a mí me salvó de quedarme sin uno de mis peces favoritos. Espero que haya resultado de interés para aquellos que lo lean.

Cita

Zapater Galve, Manuel. (enero 20, 2000). "Labeotropheus trewavasae Fryer, 1956". Cichlid Room Companion. Consultado en junio 04, 2020, desde: https://cichlidae.com/article.php?id=227&lang=es.