Cichlid Room Companion

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El acuariófilo celestina

Por , 1981. printer
Publicado
Paul V Loiselle, 2004

Traductor: Antón David Pérez Rodríguez (26-dic.-2001)

Clasificación: Mantenimiento en cautiverio.

(Este artículo fue publicado originalmente en el Freshwater and Marine Aquarium Magazine, Dic 1981; pp. 30-34, 76-79. Se reproduce aquí con el permiso del autor, Dr. Paul V. Loiselle).

"Antes de poder hacer conejo asado, debes cazar el conejo" Proverbio alemán.

No hace mucho, participé en un debate amistoso con un killífilo amigo de mi familia. El tema era: ¿Cuál de las dos familias, Cichlidae o Ciprinodontidae, contiene las especies más fáciles de criar en acuario? Mi amigo defendía los méritos de los killis no anuales, señalando que uno podía encontrar especies muy bellas que, viviendo en el agua adecuada, sólo con tener comida criarían continuamente, a pesar de los esfuerzos de su dueño por evitarlo. Los alevines de killi, observó también, son muy activos para comer y tiene el tamaño suficiente para comer nauplios de artemia desde el primer momento. y en varias especies, concluyó, los adultos ignoran a sus crías si están bien alimentados, luego en un mismo acuario se puede tener un criadero continuo de killis simplemente con tener nauplios de artemia siempre disponibles.

Sin despreciar las realidades de estos peces, presenté el que yo considero era el argumento irrebatible. Reconociendo la verdad de los enunciados anteriores, señalé que para obtener alevines de killi en cantidades racionales era necesario mantener un grupo de adultos tal que era imposible que se autocostearan. Los huevos deben ser sacados del acuario de cría y criados bajo condiciones controladas. Le presenté una visión de mopas de cría llenas de huevos que había que retirar continuamente a acuarios con condiciones del agua idénticas a las del original y con algún antibiótico extra. Le recordé la necesidad de controlarlo todo durante un largo periodo de incubación, y la necesidad de eliminar los huevos estériles antes de que infecten a los sanos. Lo aterroricé con visiones de ejércitos de alevines muriendo a causa de unas condiciones de agua no ideales...

Luego comparé este oneroso cuadro con el espectáculo de un acuario de cría en su exponente máximo, ejemplificado por una pareja de cíclidos frezadores de sustrato. éste, argüí, es el pez ideal para el acuarista tranquilo. Simplemente echa comida al acuario y los padres se ocupan del resto. Pero el destino no me dejaría disfrutar de mi victoria mucho tiempo. Sus ojos brillaron con la satisfacción del guerrero que ve que su enemigo se abre él mismo una herida mortal, y me otorgó el golpe de gracia con estas palabras: "no niego que eso que dices sobre la familia de cíclidos sea cierto..., pero antes de tener una familia debes tener una pareja!

El caso es que yo, que con frecuencia soy invitado por sociedades acuariófilas para dar charlas, de una forma u otra, y precisamente ante esa cuestión, debo acabar admitiendo que el petardo me ha estallado en las manos. En contraste con la gran mayoría de los otros peces de acuario ovíparos, en los que el mayor problema de la cría es el de sacar adelante a los alevines, cuando de cíclidos se trata el problema es el tener peces dispuestos a criar. El aficionado con experiencia tiende a obviar esta parte del proceso porque a lo largo de los años ha aprendido el arte de emparejar cíclidos a base del ensayo y el error. Puede tener bastante éxito con una especie desconocida para él con tal de que conozca sus hábitos reproductores. Para el neófito, cuya ignorancia mucas veces se entremezcla con la desinformación, esta puede ser una tarea muy ardua. Por suerte para ellos, este artículo basado en la experiencia y las horas de trabajo les facilitará el trabajo de emparejar cíclidos.

Para ver el problema en perspectiva, debemos preguntarnos cómo se desarrolla la elección de parejas entre frezadores de sustrato en la naturaleza. Por el momento obviaremos las especies poligínicas. La literatura al respecto (Innens, 1938; Sterba, 1966) describe el periodo precedente a la puesta en cíclidos como un intervalo de intensa interacción entre los posibles compañeros caracterizado por un tremendo despliegue de agresiones recíprocas que generalmente (aunque no siempre), derivan en luchas rituales. Esta visión encuentra también una suerte de apoyo en los clásicos trabajos de laboratorio de Baerends y Baerends Van Roon (1950) sobre el comportamiento de varias especies de frezadores de sustrato.

Aunque las evidencias fiables más recientes presentan un cuadro muy distinto de los mecanismos de formación de pareja. Dos patrones de cría parecen caracterizar esta fase de la vida de los cíclidos. En el primer caso uno de los sexos, generalmente el macho, establece un territorio dentro del cual dirige activamente su cortejo hacia el otro pez (Perrone, 1978). El sexo cortejado evalúa el territorio y a su propietario, lo que aparentemente le sirve como base a partir de la cual decidir marcharse o continuar la compra. Si la decisión es que se queda, el pez cortejado simplemente entra en el territorio y comienza a defenderlo. En el segundo caso es la pareja ya formada la que busca un lugar en el que establecerse para criar. Sólo cuando ya la pareja está consolidada se dedicará a la tarea de buscar casa, probablemente expulsando a otra pareja preexistente (Keenleyside y Bietz, 1981; Loiselle, 1977; McKaye, 1975, 1977). En ninguno de los casos la agresividad del cortejo pasará de abrir los opérculos o mostrar los costados.

Las diferencias entre el comportamiento de los peces en la naturaleza y en el acuario se explica fácilmente a partir de la cooperación. En otras palabras, que el cortejo en la naturaleza no es un acto forzado, lo que quiere decir que si el macho y la hembra se encuentran y no están preparados para criar, tan sólo se alejarán cada uno por su lado, hasta que encuentren una pareja adecuada. Pero esta opción rara vez es proporcionada en el acuario. Las elaboradas interacciones que se dan entre el macho y la hembra cautivos surgen precisamente porque los individuos están obligados a una cohabitación continua. Esto invariablemente desemboca en algún tipo de agresión, en la que el macho suele tomar la iniciativa. Si finalmente la cría tiene lugar se debe sobre todo a que las hormonas van ganando importancia en las relaciones entre los peces. El resultado es la tolerancia mutua durante el intervalo requerido para criar los alevines hasta su independencia. Y también puede ser que la agresividad del macho por la hembra no se vea inhibida, lo que se traduce, si el criador no interviene, en una hembra demacrada o muerta. La facilidad con que se forman parejas estables que lo continúen siendo tras la cría varía de unas especies a otras pero el riesgo de una violencia doméstica letal no desaparece en ninguna.

A la vista de esto, ¿qué puede hacer el aficionado a los cíclidos para arreglar las cosas de forma que se consiga un matrimonio y no un ring? Las reglas convencionales recomiendan comprar de seis a doce juveniles de una especie dada y dejarles alcanzar la madurez sexual en un gran acuario. Por regla general las parejas se forman libremente en estas circunstancias. La explicación a este hecho es que los peces tienen suficientes opciones entre las que elegir su media naranja con la que convivir felices de por vida. Y sí, el hecho real es este, pero la explicación proporcionada es peligrosamente defectuosa. Esta falacia se demuestra patentemente cada vez que una nueva pareja de cíclidos se rompe al ser separada a un acuario de reproducción o cuando se saca a sus compañeros del tanque principal.

Contrariamente a la creencia popular, los frezadores de sustrato no se comportan como los personajes de una novelita rosa. Los machos son tan selectivos con respecto a las hembras como un marinero que desembarca por vez primera tras un año de servicio en la mar. Las hembras, por otra parte, parecen seguir la máxima de: "Cuando no tengo cerca al chico que amo, me junto con el que tengo más cerca". Así pues, en unas condiciones determinadas que los predispongan a criar, todo macho y hembra de la misma especie formarán una pareja potencial.

Aunque si esto es así, ¿por qué la pareja se forma más rápido y mejor en esta situación de grupo? Para que se forme una pareja los dos individuos en cuestión deben estar en el mismo periodo de su ciclo reproductor, además de encontrar una manera de inclinar la balanza "me peleo-me caso" hacia el lado del "me caso". Mantener varios peces juntos incrementa mucho la posibilidad de que se encuentren un macho y una hembra receptiva, en un ambiente adecuado, más aún, la mayor concentración de hormonas sexuales disueltas en el agua favorece la formación de parejas. Manteniendo pues a los dos sexos juntos en grupo favorecemos este proceso de formación de parejas.

Por otra parte, el exceso de peces proporciona a la pareja peces diana sobre los que descargar su agresividad, por lo que disminuyen así las agresiones entre ellos que podrían romper su vínculo. Realmente se dan unas condiciones cercanas a la naturaleza, donde se ofrece un pequeño número de lugares apropiados para criar. En estos acuarios con varios peces no es infrecuente ver parejas que defienden sus territorios, los machos encarándose con otros machos intrusos, las hembras con otras hembras. Si estas condiciones de la naturaleza están presentes en cautividad, está casi garantizada la formación de una pareja exitosa. En resumidas cuentas, los peces tienen donde descargar su agresividad fuera de la pareja, lo que posibilita que en ésta tengan lugar las interacciones reproductivas.

Y éste es el caso ideal. Sin embargo, hay circunstancias bajo las que practicar este método del grupo de peces es impracticable. Obviamente, es muy difícil llevarlo a cabo cuando hablamos de cíclidos muy grandes, como los guapotes. Mantener seis u ocho Parachromis managuensis o Petenia splendida hasta su madurez bajo las condiciones anteriores hace necesario el uso de acuarios enormes que el aficionado medio no puede mantener. Otras veces son factores económicos o de otro tipo los que nos imposibilitan el disponer de varios ejemplares de determinada especie. Hay muy pocos aficionados que se puedan permitir el comprar una docena de Lamprologus sexfasciatus o Tilapia buettikoferi a los precios actuales. Y por último, el mantener un grupo de peces para que se forme una pareja nos deja con la duda de qué hacer con los peces restantes una vez que la pareja ya se ha formado.

En algunos casos este último problema lo soluciona personalmente la primera pareja que se forma. Los Lamprologus del Tanganica y parientes son especialmente proclives a esta suerte de violencia doméstica. Desde luego, su forma de establecer una pareja parece ser: "Hola, yo soy un chico (o chica) y tu una chica (o chico). ¡Vamos a matar a todos nuestros vecinos de acuario y luego a tener crías!". Ante este panorama suelen aparecer objeciones éticas y muy frecuentemente económicas que nos hacen sacar a los otros peces del acuario. Y uno se enfrenta aquí con dos nuevos problemas: Por una parte, proporcionar a la pareja los peces diana adecuados para que no se rompa su vínculo y continúen con el proceso de la cría, y por otra el que ahora tenemos un grupo de cíclidos sobrantes ociosos que debemos albergar en algún lado. Esto último suele ser tan difícil como buscar casa a una camada inesperada de gatitos o el invitar a un soldado iraní a una reunión de Veteranos de Guerras Extranjeras.

Este problema de los peces sobrantes se puede solventar intentando que un macho y una hembra formen pareja en compañía de peces de otra especie que actúen como dianas de la agresividad de la pareja. Partiendo de la base de que todos los peces implicados sean comparablemente agresivos, esta es una opción más que recomendable para a mayoría de los frezadores de sustrato. Aunque el problema de lo que sucederá con los vecinos de la nueva pareja feliz todavía permanece. En general, aquellas especies pacíficas que no representan una seria amenaza para una vida feliz de sus compañeros se sienten incapaces de criar en su presencia, mientras que aquellas que sí son capaces de reproducirse en situaciones comunitarias tienden a eliminar a sus compañeros si no están en acuarios muy grandes.

Lo deseable sería una situación en la que el mantener la estabilidad emocional de la pareja no convierta al acuario en una especie de matanza de Texas. La mejor manera de lograr esto es el aislar la porción de acuario en la que la pareja se dispone a criar del resto con una barrera transparente. Mientras sigan viendo a los peces diana, los miembros de la pareja continuarán tratándose amistosamente e intentando golpear a sus ahora inaccesibles vecinos. Una versión mejorada y mucho más recomendable de esto es el mantener la pareja en un acuario, los peces diana en otro, y tener ambos acuarios pegados. Lo esencial es que la visión de los peces diana sea siempre nítida, nunca la separación debe volverse opaca por el crecimiento de las algas. El desatender este detalle puede desembocar en una tragedia tras semanas de cohabitación amistosa entre el macho y la hembra. Habida cuenta de que las agresiones redirigidas de la pareja no tienen obligatoriamente que acabar en golpes a los otros peces, podemos proporcionar a los cíclidos este ambiente de cría casi natural sin las desventajas antes comentadas.

Aunque hay circunstancias en las que la prudencia recomienda limitar el contacto entre machos y hembras. Especies muy grandes como Parachromis dovii, o pequeñas y muy agresivas como Hemichromis elongatus entran en esta categoría. El acuarista prudente debería, antes de arriesgarse a perder una pareja recién importada de una nueva especie, informarse acerca de su agresividad.

Afortunadamente hay un método de criar los frezadores de sustrato que elimina cualquier riesgo de heridas y nos proporciona un número aceptable de crías. La técnica de la división incompleta, desarrollada por Guy D. Jordan y su cuadrilla de aficionados pioneros a los guapotes a mediados de los 60, explota una característica fundamental de la fertilización externa, la tendencia de los espermatozoides a difundirse en un medio acuoso. Básicamente la técnica consiste en dividir el acuario con un trozo de cristal que no llega hasta el fondo, dejando un espacio lo suficientemente pequeño como para que los adultos no puedan pasar. Justo al lado del cristal en la zona de la hembra se coloca un lugar de puesta apropiado, y metemos al macho al otro lado del acuario.

La pareja se relacionará a través del cristal, hasta llegar al punto en el que la hembra realiza la puesta en el lugar al efecto. El macho ejercerá entonces su función al otro lado del cristal. Por debajo del vidrio pasa la cantidad de semen suficiente como para que un parte apreciable de los huevos quede fecundada. El porcentaje depende de la eficiencia y rapidez del sistema de filtrado del tanque y de la distancia de los huevos a la separación. En su forma más rudimentaria, con este método del 50% al 75% de los huevos queda fecundado. En cíclidos muy prolíficos, como suelen ser los grandes, el número de alevines compensa de sobra la dedicación del acuarista. Se obtienen porcentajes de fecundación más altos con barreras más permeables, como una lámina de plástico transparente agujereada.

Con esta técnica el acuarista todavía se beneficia de que se pueden desarrollar todas las pautas de comportamiento que se dan de la forma "natural", y la hembra atenderá a su descendencia con la misma eficiencia que si estuviera junto con el macho. Otra de las ventajas es que este método permite a ambos padres ocuparse de los alevines, que pueden pasar de un lado a otro de la división. Así que podemos disfrutar de las interacciones de los padres con sus crías sin correr el riesgo de que la hembra resulte herida o muerta.

Como ya apunté al principio, el criar cíclidos poligínicos entraña el uso de otra serie de técnicas de las que me ocuparé en otro ensayo. Los neófitos que se inicien en la cría de estos peces con las técnicas arriba expuestas se darán de cuenta de que pronto llegan a ser auténticos expertos. Una vez aclarado el secreto de la cría exitosa de cíclidos frezadores de sustrato, espero que estos peces ganen cada vez más adeptos no sólo por lo interesante de su comportamiento, sino también por la facilidad de su cría.

Literatura Citada

  • Baerends, G.P. and J.M. Baerends-vanRoon. 1950. An introduction to the study of the ethology of cichlid fishes. Behaviour suppl. (1): 1 - 243.
  • Innes, W. 1938. Exotic Aquarium Fishes. Third Edition. Innes Publishing Co. Philadelphia.
  • Keenleyside, M.H.A, and B.F. Bietz. 1981. The reproductive behaviour of Aequidens vittatus (Pisces, Cichlidae) in Suriname, South America. Env. Biol. Fishes 6: 87 - 94.
  • Loiselle, P.V. 1977. Colonial breeding by an African substratum-spawning cichlid fish, Tilapia zillii (Gervais). Biol. Behav. 2: 129 - 142.
  • McKaye, K.R. 1975. Some aspects of the biology and behavior of the cichlid fishes of Lake Jiloa, Nicaragua. PhD Thesis, University of Califomia, Berkeley, pp 1 - 137.
  • McKaye, K.R. l977. Competition for breeding sites between the cichlid fishes of Lake Jiloa, Nicaragua. Ecology 58: 291 - 302.
  • Perrone 1978. Male size and breeding success in a monogamous cichlid fish. Env. Biol. Fishes 3: 193 - 201.
  • Sterba, 1966. Freshwater Fishes of the World. Revised English language edition. Studio Vista Ltd., London.

Referencias (7):

Cita

Loiselle, Paul V. (enero 06, 1997). "El acuariófilo celestina". Cichlid Room Companion. Consultado en agosto 17, 2019, desde: https://cichlidae.com/article.php?id=41&lang=es.