Cichlid Room Companion

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Nuestro cíclido nacional (EEUU), Herichthys cyanoguttatus Baird & Girard, 1854

Por , 1982. printer
Publicado
Paul V Loiselle, 2004

Traductor: Manuel Zapater Galve (11-jun.-2003)

Clasificación: Detalles de la especie, Centro y norte -américa.

Herichthys cyanoguttatus

(Nota del editor por Juan Miguel Artigas Azas: El presente artículo, tal y como aquí aparece, fue escrito antes de la publicación por Kullander en 1983 de "Revisión del género Sudamericano Cichlasoma (Teleostei: Cichlidae)". En esta publicación, el género Cichlasoma queda restringido a algunas especies sudamericanas próximamente emparentadas a la especie tipo: Cichlasoma bimaculatum. Desde entonces el género Herichthys ha sido aceptado por las personas que trabajan en la taxonomía de los cíclidos centroamericanos. En un intento de evitar la confusión y aprovechar la ventaja de actualización de las publicaciones electrónicas en la WWW, he actualizado en este artículo el nombre genérico de Herichthys cyanogutattus y otras especies de Herichthys mencionadas en este artículo para reflejar su estado genérico actual. Para más detalles, por favor comprueben el documento en esta misma web sobre genus.php?id=59&lang=es">Herichthys).

La familia Cichlidae tiene una distribución esencialmente tropical, con la mayoría de las especies presentes entre los trópicos de Cáncer y Capricornio. Sin embargo, un puñado de excepciones son capaces de traspasar estas tradicionales barreras climáticas tanto en el viejo como en el Nuevo Mundo. Estas excepciones pueden ser consideradas pioneras, tanto en el sentido biogeográfico, como en el acuariófilo, ya que figuran en los primeros lugares de las listas de los cíclidos importados como peces de acuario. Hasta cierto punto, esto se debe a un accidente histórico. Tanto el sur de Brasil como México, por citar dos focos iniciales en la exportación de peces, poseían una abundante población de emigrantes alemanes a finales del siglo XIX y principios del XX y por tanto estaban comunicados con cierta frecuencia por barcos de vapor con puertos como Frankfort y Hamburgo. De igual importancia para explicar el temprano éxito de estos cíclidos subtropicales puede ser su habilidad para resistir bajas temperaturas. Los acuariófilos modernos, bendecidos con termostatos fiables a precio razonable, difícilmente pueden imaginar qué gran problema era mantener a los peces ornamentales durante la estación invernal en los primeros tiempos de la afición. Sin embargo, es evidente que estos cíclidos tenían más atractivos que su mera resistencia a las bajas temperaturas. Muchos de ellos siguen estando entre los favoritos de los aficionados mucho después que los avances de la tecnología en los acuarios han permitido la instalación de especies competidoras menos resistentes al frío. Un excelente ejemplo de una especie perennemente favorita es el sujeto de este artículo, Herichthys cyanoguttatus. Conocido por su nombre vernáculo de cíclido Texas en Norteamérica, esta especie es el único representante de la familia Cichlidae nativo de los Estados Unidos.

Cualquier esfuerzo para escribir acerca de este atractivo animal desde una perspectiva histórica se complica por el hecho de que en la literatura científica el nombre de H. cyanoguttatus se ha utilizado para un complejo de peces bastante similares. álvarez (1970) reconoce tres subespecies distintas. De Norte a Sur son las siguientes:

  • Herichthys c. cyanoguttatus (Baird and Girard, 1854), nativo de la cuenca del Rio Grande-Rio Conchos en Texas y Noroeste de México.
  • Herichthys c. temporatum (Fowler, 1903), se encuentra en la cuenca del Rio Soto la Marina, en el estado Mexicano de Tamaulipas, inmediatamente al Sur del sistema del Rio Grande-Rio Conchos, y;
  • Herichthys c. carpintis (Jordan and Snyder, 1899), descrito en la Laguna Carpintero dentro de la ciudad de Tampico y también encontrado en curso bajo del río Pánuco.

Herichthys pavonaceum (Garman, 1881) es actualmente considerado un sinónimo de H. cyanoguttatus. Sin embargo, debe considerarse la posibilidad de que H. pavonaceus, originalmente descrito a partir de material colectado en arroyos en las proximidades de Monclova, pueda ser el nombre correcto para la especie de Herichthys que presenta polimorfismo dental en las cercana lagunas de Cuatro Ciénagas, que está siendo estudiado por el Dr. Irving Kornfield et al. (Smith, 1981). La laguna de Cuatro Ciénagas no está lejos de Monclova y la descripción de Garman sobre el patrón de coloración de sus H. pavonaceus sugiere un macho inmaduro o una hembra de la mojarra de Cuatro Ciénegas, mucho más posiblemente que una subespecie de H. cyanoguttatus. (Nota del editor: Herichthys pavonaceus ha sido actualmente reconocido como sinónimo de Herichthys cyanoguttatus en la descripción de Herichthys minckleyi por Konrfield y Taylor, 1993).

Macho de Herichthys carpintis Macho joven de Herichthys carpintis. Conocido como el Texas verde por los aficionados americanos, es mantenido en Europa bajo la errónea denominación de Herichthys cyanoguttatus.
Hembra de Herichthys carpintis female Esta foto de una hembra de Herichthys carpintis claramente muestra las grandes y discretas marcas metálicas en la cabeza y región opercular a las que Jordan y Snyder se refieren en la descripción original del color en vivo de esta especie.
Macho en Herichthys minckleyi Un joven macho de la mojarra de Cuatro Ciénegas, un representante del complejo de especies de H. cyanoguttatus endémico de esta cuenca aislada en el Noreste de México. Los machos adultos se vuelven ricamente coloreados, de un negro terciopelo y mantienen reflejos azules en el cuerpo y aletas.
Hembra de Herichthys minckleyi Una hembra joven, sexualmente inmadura de la mojarra de Cuatro Ciénegas. El patrón de machas laterales negras repetidas a lo largo de los laterales, recuerda fuertemente a la descripción de Garman de Herichthys pavonaceus.

Dos cíclidos coloreados de manera distintiva han sido denominados como H. cyanogutatus en la literatura acuarióla. El más conocido para los aficionados americanos y objeto de este artículo desciende de los reproductores colectados en la parte baja del Río Grande. Con toda seguridad se trata de H. cyanoguttatus, ya que la localidad tipo de esta especie es Brownsville, Texas, en la desembocadura del Río Grande (Baird & Girard, 1854). El nombre vernáculo de cíclido Texas y perca del Río grande, designados por pescadores y acuariófilos, causan cierta confusión. Si bien es nativo del Río Grande este pez no es una verdadera perca y la mayor parte de su rango de distribución no está en Texas, sino en el norte de México.

Como puede verse en la ilustración adjunta, el segundo miembro de este complejo de especies, conocido por los aficionados americanos como el cíclido Texas verde, difiere sustancialmente de la coloración del H. cyanoguttatus. Las diferencias entre animales reproductores son todavía mucho más acusadas que lo que se puede observar en estas fotografías realizadas a individuos no activos sexualmente. El Texas verde muestra una apariencia con marcados reflejos metálicos por todo su cuerpo. Por otra parte, los individuos sexualmente activos de H. cyanoguttatus se caracterizan por un aclaración del color de base de su cuerpo, de tal manera que los pequeños puntos azules que diferencian a esta especie prácticamente desaparecen. El Texas verde tiene asimismo una cabeza más afilada y los machos desarrollan una gibosidad frontal de mayor volumen que los machos de H. caynoguttatus de tamaño similar. En una situación de libre elección estos dos peces no hibridan. En realidad, yo sospecho que incluso la hibridación forzada de estos dos cíclidos puede ser muy complicada de obtener. Yo he visto una hembra viuda, obviamente muy madura de Texas verde cortejando a un macho de 'C.' salvini, ignorando completamente los avances de un macho de H. cyanoguttatus que vivía en el mismo acuario.

El Texas verde corresponde en todos los aspectos a H. c. carpintis de acuerdo con álvarez. Jordan y Snyder (1899) en su descripción de los colores en vivo de Neetroplus carpintis hacen énfasis en la presencia de manchas grandes y alargadas de color verdeazulado sobre un fondo marrón-dorado en la región cefálica, y su excelente ilustración muestra claramente un cíclido Texas verde sexualmente inactivo. Dado que ambos animales en cuestión se comportan como especies biológicamente válidas, no parece haber más razones para perpetuar el trinomio establecido por álvarez, por lo que en adelante trataré estos peces como auténticas especies.

La documentación de la que se dispone sugiere que el primer representante de este complejo de especies importado a Alemania fue, en 1,902, H. carpintis (Sterba, 1996). Todas las descripciones de H. cyanoguttatus que he encontrado en la literatura acuariófila alemana corresponden a este pez, así como las ilustraciones adjuntas. Mirando hacia el pasado, esto no es demasiado sorprendente. Las dificultades que suponía hacer un envío de peces desde el área de Tampico a Alemania en la primera década del siglo XX debían ser triviales en comparación con las que supondría hacer lo mismo desde el curso bajo del río Grande. A juzgar por la reacción de los participantes británicos y alemanes en la Convención de la Asociación Británica de Cíclidos en 1981 cuando se proyectaron diapositivas de H. cyanoguttatus, yo dudo seriamente que esta especie hubiera estado disponible en Europa durante todo el periodo de vida de cualquiera de los miembros de la audiencia, en el caso de que hubiera sido importada, claro.

Esta situación complica los esfuerzos para averiguar cuando se produjo el debut de H. cyanoguttatus en la acuariofilia de los Estados Unidos. Se cree que empezó a estar disponible en el comercio a finales de la década de 1920 y principios de la de 1930, ya que Innes (1935) realiza una ilustración de esta especie en la primera edición de Exotic Aquarium Fishes. Seguir rebuscando en el pasado requeriría una colección de literatura antigua acuariófila mucho más extensa de la que yo poseo. Sugiero este estudio para un aficionado a los cíclidos con tendencias bibliográficas. La fecha exacta de la importación de H. carpintis a los Estados Unidos también es un misterio. La primera vez que yo lo vi fue en 1971. Los peces en cuestión eran la descendencia de una pareja colectada en México por un acuariófilo en vacaciones. A pesar de que la tienda en cuestión vendió muchas de las crías, nunca volví a ver esta especie a la venta en la zona de la Bahía de San Francisco. Desde entonces lo he visto a la venta dos veces, cada vez en un lugar diferente de los Estados Unidos. Esto sugiere un origen comercial, pero no he sido capaz de determinar si proceden de nuestro país o del extranjero. Sea como sea, al contrario que H. cyanoguttatus, H. carpintis no suele estar disponible en los Estados Unidos y bien merece la pena el esfuerzo de adquirirlo cuando es encontrado.

El cíclido Texas fue originalmente descrito como Herichthys cyanoguttatus por sus autores. La mayoría de las antiguas referencias acuarísticas siguen esta norma (Axelrod y Schultz, 1955, Axelrod et al. 1962; Frey, 1961; Innes, 1935). Baird y Girard basaron su nuevo género en las características dentales. Según su opinión, la dentición bucal mixta de su especie, que comprende dientes truncados en las posiciones anteriores y cónicos en las posterolaterales, difieren lo suficiente de la dentición uniformemente cónica de los Heros (=Cichlasomines) para garantizar la creación de un nuevo género que incluya a esta especie. Algunos de sus contemporáneos no aceptaron esta opinión. Ni Günther (1863) ni Eigenmann y Bray (1894) reconocieron la validez de Herichthys, que fue salvado del olvido taxonómico por Regan (1905), que resurrectó el taxon para incluir otras dos especies del Sur de México y Guatemala con una dentición mixta similar en las mandíbulas.

El ictiólogo americano Seth E. Meek parece ser el primero en haber advertido (1914) que la tendencia hacia una dentición anterior truncada dentro de las especies asignadas a géneros como Herichthys, Paraneetroplus y Tomocichla muestra demasiada variabilidad para ser una característica útil de diferenciación. Ahora se sabe que el tipo de dentición truncada que llevó a la creación del género Herichthys y posteriormente a la inclusión de Herichthys carpintis dentro de Neetroplus es realmente un ecofenotipo. Los peces que viven largo tiempo y se dedican a buscar comida entre el sustrato abrasivo, rápidamente desgastan las cúspides de sus dientes delanteros originalmente cónicos. Sin embargo, a pesar de lo mucho que haya podido sorprender a los ictiólogos, esta situación no causa excesivos problemas a los peces, que tienen la capacidad de reponer los dientes severamente dañados. La historia del género Herichthys ilustra claramente como los ictiólogos han llegado a entender como la influencia del desarrollo y los factores ambientales pueden interactuar para dar como resultado el fenotipo de un pez. En consecuencia los investigadores actuales tienden a ser un poco más conservadores a la hora de definir los géneros de los cíclidos, prefiriendo basar sus apreciaciones sobre características menos susceptibles de reflejar estas interacciones que la morfología dental en su interpretación de las relaciones evolutivas.

La lentitud de los acuariófilos en aceptar la supresión del género Herichthys no puede ser echada en cara, ya que no todos los ictiólogos se encontraban de acuerdo con las conclusiones de Meek sobre su estatus. En algunos artículos publicados años más tarde, Samuel Hildebrand (1930) se mostraba coincidente con el razonamiento de Meek, mientras que Carl Hubbs (1935), citando a Regan como fuente de autoridad, proponía la retención de Herichthys como un género separado. Los artículos más recientes que tratan de las relaciones entre los cíclidos centroamericanos (Miller y Nelson, 1961; Miller, 1966) tratan Herichthys como una subdivisión de Cichlasoma. Esta posición es generalmente aceptada por los sistemáticos de los cíclidos en estos momentos. Trabajos recientes de referencia sobre peces de acuario (Goldstein, 1970, 1973; Mayland, 1978; Sterba, 1966) reflejan esta posición.

Herichthys cyanoguttatus estaba originalmente restringido a la mitad meridional del Río Grande en los Estados Unidos. Aparentemente causas fisiológicas restringían su expansión hacia el norte del Río Grande y su mayor afluente americano, el río Pecos. Clark Hubbs (1951) averiguó que esta especie era incapaz de tolerar temperaturas inferiores a 14°C durante cualquier periodo de tiempo. La expansión hacia el Este, hacia aguas suficientemente cálidas que pudieran mantener poblaciones constantes, estaba limitada por barreras fisiográficas que han sido eliminadas por la intervención humana. El cíclido de Texas está ahora ampliamente distribuido en la cuenca del río Guadalupe y en la meseta de Edwards, en la región central de Texas (Brown 1953). La prevalencia de temperaturas constantes debidas a arroyos termales que fluyen hacia esta área provee a H. cyanoguttatus un refugio invernal suficiente para mantener una presencia constante en el área. También se ha señalado la presencia de poblaciones silvestres de cíclido Texas en el centro de Florida. Probablemente en este caso se trata de los descendientes de algunos fugados de las piscifactorías. Para ver un mapa de la distribución de esta especie en los Estados Unidos, véase Birkenhead (1978).

Sorprendentemente se dispone de poca información publicada a cerca de la historia natural de H. cyanoguttatus. El estudio más exhaustivo de este cíclido hasta la fecha es una tesis doctoral que no suele estar disponible para el público salvo en su resumen (Buchanan, 1972). El escaso interés mostrado hacia esta especie por parte de las agencias gubernamentales es hasta cierto punto comprensible. A pesar de que puede llegar a alcanzar hasta 25.0 cm SL bajo condiciones favorables en cautividad, el cíclido Texas raramente alcanza estas dimensiones en la naturaleza. Bajo el punto de vista de los pescadores deportivos es una plaga, ya que pronto se hace la especie predominante en los embalses. Así que desde el punto de vista de los gestores de la pesca en los Estados Unidos, H. cyanoguttatus no es suficientemente grande para ser clasificado como una especie de pesca deportiva o de alimentación, aunque es demasiado grande y espinoso para ser un buen alimento o cebo para especies más apreciadas en la pesca deportiva. Por tanto está fuera de su ámbito de interés y actividad. Es interesante saber que no se da el mismo caso en México. Allí, la mojarra huasteca (Nota del editor: de hecho; guapota), como son conocidos localmente tanto H. cyanoguttatus como H. carpintis, es considerado como un pez alimenticio. Consecuentemente hay un considerable interés en averiguar más acerca de su biología. El Dr. Salvador Balderas-Contreras de la Universidad Autónoma de Nuevo León tiene un grupo de estudiantes investigando la interacción de estas especies con otras especies alimenticias introducidas, como el pez gato del canal: Ictalurus punctatus y la tilapia azul: Oreochromis aureus. El resultado de estos estudios promete ser interesante.

Herichthys cyanoguttatus tampoco ha sido objeto de estudios etológicos, a pesar de que los investigadores europeos no están faltos de relación con H. carpintis en este contexto. Las razones para este escandaloso olvido del único representante de la familia Cichlidae nativo de los Estados Unidos por parte de los investigadores americanos no son demasiado aparentes. Quizás a medida que los problemas fiscales y políticos de los países centromericanos se combinen para que el trabajo de campo sobre sus cíclidos no sea ni práctico ni prudente para los estudiantes americanos de ictiología y etología, se hagan más aparentes las ventajas de estudiar una especie americana más accesible.

El cíclido Texas es realmente fácil de mantener. Como la mayoría de los cíclidos centroamericanos, H. cyanoguttatus prospera en cualquier tipo de agua potable, aunque parece preferir condiciones duras y alcalinas. Como uno debe esperar en un habitante de un río caracterizado por su flujo intermitente, esta especie puede soportar niveles de metabolitos disueltos relativamente altos durante breves intervalos de tiempo, sin sufrir ningún tipo de daños. Los cíclidos de Texas sin embargo se mantienen mucho mejor y se reproducen de manera más adecuada cuando son mantenidos a base de cambios parciales de agua a intervalos de tiempo regulares. Como se indicó anteriormente esta especie puede tolerar temperaturas de hasta 14° C, aunque un rango comprendido entre 22-25° C es más adecuado para su mantenimiento y reproducción.

Se trata también de un cíclido fácil de alimentar. En la naturaleza el cíclido de Texas es un omnívoro con fuerte tendencia hacia la ingesta de vegetales. Buchanan (1972) encontró que en el curso bajo del río Grande, H. cyanoguttatus consumía una amplia variedad de alimentos, pero que las poblaciones de la meseta de Edwards eran casi completamente herbívoras. él explicó este cambio en el régimen alimenticio debido a la interacción competitiva entre el cíclido Texas y un grupo de Centrárquidos más abundante que los presentes en las aguas nativas del cíclido. Cualquiera de las comidas habituales vivas o preparadas es consumida con avidez en cautividad, aunque consideraciones económicas normalmente aconsejan basar su mantenimiento en las comidas secas más económicas. Pescado congelado y crustáceos, triturados en un procesador de alimentos también son aceptados, así como vegetales de hojas grandes previamente ablandados mediante una rápida inmersión en agua. Los grandes cíclidos de Texas también son aficionados a los caracoles. Incluso ejemplares de entre 7.5 a 12.0 cm harán un buen trabajo erradicando los caracoles acuáticos en un acuario infestado de ellos si no se les alimenta con otra cosa durante unos cuantos días. El caracol malayo vivíparo, si es de gran tamaño es algo más grande de lo que el cíclido Texas puede comer. Sin embargo aunque los adultos de estos caracoles pueden resistir la maceración del molino faríngeo de los cíclidos, suficientes juveniles son absorbidos enteros para impedir que aumente rápidamente el número de este útil molusco en los acuarios en que se mantienen juntas ambas especies.

De todo lo anterior se deduce que H. cyanoguttatus ciertamente no es un buen candidato para un acuario plantado de tipo Leiden. Una buena manera de decorar su acuario será a base de rocas o madera, bien sean naturales o artificiales. Como en muchas de las especies de los Cichlasominos, una capa de plantas flotantes es bien apreciada, ya que proporciona refugios y evita las sorpresas por movimientos inesperados por encima de la superficie. Tampoco el cíclido Texas es un buen compañero para compañeros que puedan ser fácilmente engullidos, a pesar de que difícilmente puede ser clasificado como piscívoro en la naturaleza. Dejando de lado este inconveniente, esta especie se considera un buen habitante de acuario comunitario. Dado que las parejas son intolerantes intraespecíficamente, la regla es no mantener más de una pareja de esta especie en acuarios de menos de 400 l. Los compañeros de otras especies serán ignorados fuera de los periodos de actividad reproductiva. Las parejas reproductoras sin embargo ocuparán una buena parte de la superficie disponible del acuario en que se encuentren, aunque no muestran una agresividad tan acentuada como la de otros cíclidos de menor tamaño como el C. salvini o Hemichromis elongatus. En un acuario comunitario entre 300 y 1,500 l, el H. cyanoguttatus no debería tener problema para reproducirse. A veces se acusa a esta especie de realizar grandes excavaciones, aunque esta actividad queda restringida principalmente a los periodos reproductivos. Su efecto puede ser minimizado significativamente empleando un tipo de grava sustancialmente más gruesa a las habituales de acuario.

Como se puede esperar dada su distribución geográfica, H. cyanoguttatus en la naturaleza muestra un patrón reproductivo marcadamente estacional. Se han observado desoves desde marzo hasta agosto, con un pico de actividad en abril (Buchanan, 1972). En cautividad, el cíclidos de Texas se reproduce durante todo el año. La manera más simple de conseguir la reproducción es criar un grupo de juveniles hasta su maduración en un acuario comunitario y en cuanto se forme la primera pareja retirar a todos los restantes antes de que empiecen los desoves de los novios. Los peces sobrantes pueden ser normalmente canjeados en las tiendas o ser ofrecidos a otros aficionados de clubes acuariófilos. Para aquellos impacientes que no quieran empezar el proceso desde el inicio de la cría de los juveniles, en los comercios suelen estar disponibles individuos entre 7 y 10 cm SL. Estos jóvenes adultos normalmente se emparejan sin mucha dificultad en acuarios comunitarios. Los cíclidos de Texas son fáciles de sexar aún de pequeño tamaño. Las hembras muestran una mancha negra muy patente entre los radios duros de la aleta dorsal que no tienen los machos. Las hembras son asimismo generalmente más pequeñas y gruesas que los machos y tienen las aletas dorsal y anal más redondeadas, aunque esta distinción no es tan aparente en esta especie como en algunos de sus parientes. Los machos grandes tienden a formar una gibosidad frontal, aunque incluso en individuos de 17 a 20 cm SL, su volumen nunca se aproxima al de los H. carpintis de igual talla (véase Goldstein [1970] y Mayland [1978] para fotografías de grandes machos de esta última especie.).

Como en otras especies de Cichlasomine, el emparejamiento de los cíclidos de Texas es facilitado por un mantenimiento en acuario comunitario. Las dificultades encontradas en los intentos de reproducción de esta especie se deben en la mayoría de los casos al hecho de tratar de inducir la formación de la pareja aislando dos peces de distinto sexo sin ningún vínculo previo. Si es necesario intentar la reproducción de esta manera, recomiendo emplear la técnica de la división incompleta (Loiselle, 1981). De otra manera es posible que la hembra sufra serias heridas o incluso la muerte. En un acuario comunitario el cortejo suele ser más discreto, consistiendo normalmente en aperturas operculares y movimientos de ofrecimiento de los flancos. La mayoría de los acuariófilos no se dan cuenta de estas situaciones y pasan por alto estas muestras, así que de repente se ven sorprendidos por el abrupto cambio de comportamiento y agresiva defensa territorial de una pareja de peces anteriormente no relacionados.

Secuencia de desove de Herichthys cyanoguttatus
Herichthys cyanoguttatus Herichthys cyanoguttatus
Herichthys cyanoguttatus Herichthys cyanoguttatus
Herichthys cyanoguttatus Herichthys cyanoguttatus
Herichthys cyanoguttatus Herichthys cyanoguttatus
Herichthys cyanoguttatus
Herichthys cyanoguttatus Herichthys cyanoguttatus
Primera fila izquierda: La preparación del lugar de desove es una tarea esencialmente femenina en Herichthys cyanoguttatus, el macho trata de mantener alejados a los intrusos tanto antes como después del desove. Primera fila derecha: La hembra también realiza la mayor parte de la excavación del cráter en donde se depositarán los alevines tras la eclosión. La arena gruesa, posiblemente debido a las dificultades que conlleva su desplazamiento, tiende a inhibir los excesos de movimientos de tierras en esta y otras especies de Cichlasomine. Segunda fila izquierda: La hembra normalmente hace varias pasadas sin poner ningún huevo hasta que comienza el verdadero desove. Segunda fila derecha, tercera y cuarta filas: El desove se desarrolla de la manera habitual en los cíclidos centroamericanos. El macho sigue de cerca de su compañera mientras ella se mueve sobre el sitio previamente preparado para la puesta, depositando allí los huevos. Muy pocos quedan sin fertilizar. Quinta fila: El macho patrulla el perímetro del territorio de desove mientras que la hembra abanica y limpia los huevos en desarrollo. En cautividad el macho suele relevar a la hembra durante un tiempo suficiente como para que esta pueda coger unos pocos pedazos de comida durante los periodos de alimentación. Sexta fila izquierda: la hembra saca a las crías de las cáscaras de sus huevos y los escupe en su cráter. Sexta fila derecha: Esta hembra con crías muestra el típico patrón bicolor característico en ambos sexos en el periodo reproductivo, mientras supervisa la alimentación de sus crías de dos semanas de edad. Ambos sexos participan activamente en el cuidado de los alevines, aunque el macho parece menos próximo a ellos.

En condiciones de acuario la mayor parte de la preparación del lugar de desove corre a cargo de la hembra. El cíclido Texas no parece muy exigente para elegir el lugar donde pondrán los huevos. Esta especie desovará en el fondo de un cráter excavado en el sustrato, pero en cautividad, cualquier superficie sólida puede ser seleccionada. La pareja fotografiada tenía una predilección por las superficies verticales, pero he tenido otras que desovaban sobre rocas pulidas de cuarzo o lajas de arenisca. Sea cual sea su naturaleza, el lugar elegido es vigorosamente limpiado por la hembra antes de ser utilizado. Es posible que ambos sexos cooperen en la excavación de un pozo adyacente al lugar de desove, pero también en este caso, la hembra será la que realice la mayor parte del esfuerzo, mientras que el macho mantiene a distancia a los intrusos. La intensidad de la excavación que realice una pareja parece estar influida tanto por la textura del sustrato como por el número y naturaleza del resto de ocupantes del acuario. La grava gruesa, como la usada en el acuario de las fotografías, inhibe una excavación excesiva, probablemente por que es más difícil de transportar que la mayoría de las granulometrías usadas habitualmente en acuario. La cantidad de tiempo y energía disponible para realizar movimientos de tierra también se reduce notablemente cuando una pareja tiene que estar constantemente pendiente de preservar la integridad de su territorio reproductivo.

La presencia de un tubo ovopositor conspicuo en la hembra y una papila digital en el macho pueden ser tomados como muestras de que el desove se producirá dentro de las siguientes 24 horas. La mecánica del desove, tal y como se muestra en las fotografías que acompañan este artículo, no difiere de lo habitual en el género Herichthys. Incluso sin interrupciones, el desove puede prolongarse durante varias horas, ya que H. cyanoguttatus es un cíclido muy prolífico. A pesar de que en esos momentos sólo medía 7.0 cm SL, la hembra de la pareja fotografiada producía desoves de hasta 500 huevos. Una hembra grande, de 18.0 cm SL puede llegar a diez veces ese número. El hecho de que ninguno o muy pocos de esos huevos dejen de desarrollarse también deja clara la habilidad de los machos para cumplir con su función esencial.

Como es habitual en el género Herichthys, la hembra ventila los huevos y recoge los restos de suciedad sobre ellos, mientras que el macho defiende los límites del territorio ante la posible intrusión de enemigos y predadores de la puesta. Los dos peces intercambian ocasionalmente las responsabilidades, normalmente a la hora de la comida. Este acuerdo permite a la hembra tomar un bocado o dos con los mínimos riesgos para sus crías. No es raro que el macho de una pareja aislada de cíclidos de Texas se haga cargo de todas las tareas higiénicas normalmente propias de la hembra. Las consecuencias de este cambio en las funciones habituales de ambos sexos son normalmente desagradables para la hembra. Su supervivencia depende de la disponibilidad de refugios adecuados en el acuario de cría. Estos machos hiperparentales pueden relajar su exceso de celo una vez que las crías empiezan a nadar libremente, pero no es bueno confiar en esta posibilidad. Lo mejor una vez advertida esta situación es retirar a la hembra del acuario, ya que el macho es perfectamente capaz de arreglárselas por sí mismo. Mucho mejor todavía es prevenir esta situación teniendo peces cebo disponibles desde el inicio del ciclo reproductor (Loiselle 1979, 1981). Esta disposición sirve para canalizar el comportamiento del macho de una manera más natural. El resultado final es una aproximación más exacta a la división de tareas que se observa en la naturaleza.

A 25° C los huevos están listos para eclosionar tres días después de la puesta. Las larvas son extraídas de las cáscaras de sus huevos por la hembra y colocadas en un agujero previamente excavado. De acuerdo con mi experiencia, no son movidos demasiado frecuentemente en el intervalo entre la eclosión y el estado de natación libre. Esta pareja nunca movía a sus crías. Sería interesante conocer con qué frecuencia (si es que sucede) son desplazadas las larvas en la naturaleza. Si este mecanismo ha evolucionado como respuesta a las actividades de los depredadores nocturnos que se guían por el olfato, como los peces gato, uno podría esperar una mitigación de estas actividades en un ambiente en el que estos peces son poco comunes como la parte baja de la cuenca del Río Grande, en la cual tan sólo hay dos ictalúridos que puedan suponer una amenaza para los cíclidos en este estado de desarrollo.

Las crías empiezan a nadar cuatro días después de la eclosión. Desde el primer momento pueden alimentarse de nauplios de Artemia y comida seca finamente triturada. Sus padres también masticarán trozos de comida y expulsarán las partículas resultantes para que los alevines puedan ir capturándolas. Al contrario que en el relato de Sterba (1966) sobre el comportamiento parental de H. carpintis, H. cyanoguttatus tiene pocas dificultades para defender a su descendencia durante los primeros siete o diez días de su natación. Cuando este tiempo ha pasado los demás peces del acuario han tenido suficiente para aprender de la peor manera que de esos peces color plata y negro no pueden obtenerse más que problemas, así que es mejor dejarles un amplio espacio libre a su alrededor. Esto sirve para facilitar la tarea de los padres. El grupo de crías normalmente empieza a decrecer de forma notable una vez que se pasa la fecha umbral de los diez días. En este momento se vuelven menos receptivos a las señales paternas y a la vez tienen mayor capacidad para nadar fuera de los límites que los padres pueden defender de manera efectiva. Lo que yo suelo hacer en estos momentos es sacar del acuario una docena de alevines y dejar que la naturaleza haga el resto con los que quedan al cuidado de sus padres. La depredación sobre los que dejo aumenta a medida que los padres pierden interés por defenderlos. Esta situación parece causada por el inicio de un nuevo ciclo ovárico en la hembra, en algún momento entre la tercera y cuarta semana después de la eclosión. Si existen abundantes refugios en el acuario, una o dos crías de cada puesta conseguirán sobrevivir y crecer lo suficiente para escapar a la depredación por parte de los otros habitantes, lo que supone un resultado no muy diferente a lo que realmente ocurre en la naturaleza.

Si se sigue un régimen de abundante alimentación unida a frecuentes cambios de agua, las crías crecerán hasta 2.0 - 3.0 cm SL en un plazo de ocho semanas. Son menos propensos al canibalismo que otros de sus congéneres, pero sigue siendo una buena medida separar algunos de los individuos más pequeños para que crezcan a parte si se quiere obtener una proporción equilibrada en los sexos. Los jóvenes alcanzan la madurez sexual unos ocho meses después de su nacimiento, a una longitud aproximada de 5.0 cm para las hembras y algo mayor en los machos.

A pesar de que no ha sido tan olvidados como otros peces de acuario nativos de Norteamérica, los acuariófilos americanos muestran una tendencia a dejar de lado al cíclido de Texas. La tendencia a olvidar el mantenimiento de un pez comúnmente disponible a favor de otras especies consideradas como raras es ciertamente comprensible. Sin embargo, la rareza es sólo uno de los atributos que deberían caracterizar a un buen habitante del acuario. La coloración atractiva, facilidad de mantenimiento y un comportamiento interesante deben también ser tenidos en cuenta. Como claramente muestra el cíclido de Texas, estos tres atributos no están necesariamente ligados al primero. Por ello, demos una oportunidad a nuestro cíclido nacional. La experiencia debería ilustrar disipando todas las dudas que no siempre los mejores cíclidos son aquellos que se encuentran en el acuario del vecino.

Literatura citada

  • Axelrod, H.R. and L.P. Schultz. 1955. Handbook of Tropical Aquarium Fishes. McGraw-HiH, New York.
  • Axelrod, H.R, et al. 1962. Exotic Tropical Fishes. T.F.H. Publications, Jersey City.
  • Birkenhead, W. 1980. Cichlasoma cyanoguttatus (Baird and Girard). In D.S. Lee et al. (Eds.) Atlas of North American Fishes. N. Carolina Biol. Surv. Publ, (1980-12): 765.
  • Frey, 1961. Illustrated Dictionary of Tropical Fishes. T.F.H. Publications, Jersey City.
  • Goldstein, R.J. 1970. Cichlids. T.F.H. Publications, Neptune City.
  • Hildebrand, S.F. 1930. Notes on a collection of fishes from Costa Rica. Copeia (1): l-9.
  • Hubbs, C.L. 1951. Minimum temperature tolerances for fishes of the genera Signalosa and Herichthys in Texas. Copeia (4): 297.
  • Loiselle, P.V. 1979. On dither fish. FAMA 2(11): 23-27.
  • Loiselle, P.V. 1981. Matchmaking for cichlidophiles. FAMA 4(12): 30-34 et seq.

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Cita

Loiselle, Paul V. (abril 03, 1997). "Nuestro cíclido nacional (EEUU), Herichthys cyanoguttatus Baird & Girard, 1854". Cichlid Room Companion. Consultado en febrero 25, 2021, desde: https://cichlidae.com/article.php?id=48&lang=es.

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