Cichlid Room Companion

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Cíclidos Enanos Africanos, Las Especies Del Lago Tanganyka (Parte 1)

Por , 1982. printer
Publicado
Paul V Loiselle, 2004

Traductor: Manuel Zapater Galve (27-ago.-2000)

Clasificación: Detalles de la especie, Lago Tanganyika.

Julidochromis transcriptus
Un macho de Julidochromis transcriptus de la raza sureña, a veces vendido bajo el nombre comercial de "Julidochromus kissi". Foto por Paul V. Loiselle.

Parte Uno

Con la excepción de Hemichromis thomasi y Tilapia ruweti, los cíclidos enanos fluviales africanos son representantes de géneros compuestos por especies que satisfacen la definición que yo propuse inicialmente para este grupo (Loiselle, 1979). Según ésta, deben de ser especies en las cuales la hembra, en caso de que exista dimorfismo sexual, no sobrepase 8 cm de longitud estándar, capaces de convivir pacíficamente con no-cíclidos de parecida talla y que se reproduzcan en acuarios de 60 l de volumen. Entre los cíclidos enanos del lago Tanganyka, este patrón es el contrario. Solo los tres géneros de cíclidos gobio comprenden exclusivamente cíclidos enanos. El resto son representantes enanos de géneros que contienen especies que están muy lejanas a las flexibles fronteras trazadas por la definición de este grupo. ¡Ni por el mayor de los delirios de la imaginación podría alguien confundir Lepidiolamprologus attenuatus o Telmatochromis caninus con un cíclido enano! Las especies enanas del Tanganyka son también las únicas representantes de este grupo que incluyen incubadores bucales entre ellas, el comportamiento de estos incubadores bucales difiere dramáticamente en muchos aspectos de aquel que los acuariófilos asocian con esta modalidad de reproducción. Por mucho que estos pequeños cíclidos difieran entre sí en morfología, preferencia de hábitat y comportamiento reproductivo, su origen común sugiere una primera aproximación en común para lograr su mantenimiento con éxito. Los cíclidos del Tanganyka se parecen más a peces marinos que a otros cíclidos fluviales o incluso lacustres en su intolerancia a los cambios ambientales de su entorno. Esto es debido en gran medida a la gran antigüedad del lago Tanganyka, así como a su carácter marcadamente oceánico. Esta vasta masa de agua de 640 km de longitud, con una anchura media de 40 km, tiene una profundidad máxima de 1600 m durante una milla. Este enorme volumen de agua es virtualmente impermeable a variaciones físicas o químicas a corto plazo. La variación anual de temperatura en las capas superiores del lago es inferior a 3° C, ya que las aguas inferiores actúan como un enorme regulador del calor. Por lo que respecta a los cambios en la química del agua, ¡cómo podemos esperar algún tipo de variación, si en flujo total de agua proveniente de su cuenca es de solo 1/1500 de su volumen total? Esta imagen de estabilidad a largo plazo con respecto a la temperatura y química del agua contrasta dramáticamente con los regímenes marcadamente estacionales que predominan en los cursos de agua tropicales tanto en áfrica como en Sudamérica. Aquí la temperatura del agua puede bajar 3° C en unas pocas horas por una nube de sedimentos proveniente del curso alto, capaz de generar condiciones que alteran abruptamente los valores del pH, dureza y oxígeno disuelto.

Los cíclidos enanos fluviales, que se enfrentan a estas grandes fluctuaciones a corto plazo, típicas del carácter de sus hábitats, son, por necesidad, bastante flexibles en su capacidad para soportar condiciones similares en cautividad. Por ello, a pesar de que son intolerantes a los metabolitos disueltos, responden bien a un mantenimiento basado en cambios regulares de grandes cantidades de agua. Por otra parte, los cíclidos enanos del Tanganyka son el producto de casi diez millones de años de evolución en un medio tamponado eficazmente contra las variaciones a corto plazo. En el curso de su evolución, estos cíclidos lacustres han perdido la capacidad de sus antepasados fluviales a soportar tales cambios en su entorno inmediato. Sin embargo no han perdido la intolerancia a los desechos de nitrógeno durante este proceso. Esto hace que mantener unas condiciones apropiadas para su desarrollo en cautividad sea como un desafío.

Mantener cíclidos del Tanganyka, sean pequeños o grandes, contentos en acuario requiere que el aficionado a los cíclidos adopte un enfoque similar hacia el sostenimiento del acuario al que pueda caracterizar a un acuariófilo marino. En ambos casos el objetivo es evitar cambios traumáticos del medio. Esto es bastante sencillo en lo que se refiere a la temperatura del agua. Cualquier buen calentador con termostato prevendrá que la fluctuación del agua del acuario sea superior a un grado Celsius desde el punto en que sea fijado. Controlar el ciclo del nitrógeno es algo más complicado, ya que implica no permitir nunca que los metabolitos disueltos alcancen niveles tóxicos. Esto nos indica que la densidad de peces debe mantenerse baja, en combinación con una buena filtración bien mecánica o bien biológica y cambios de agua nunca superiores a un 25% de una sola vez. El uso de filtros químicos tipo Poly-Filter junto a una filtración mecánica es un tampón adecuado en caso de que no pueda realizarse algún cambio de agua regular o que algún accidente suponga un aumento de la contaminación en el acuario. Ambos métodos han sido aplicados al mantenimiento de cíclidos enanos del Tanganyka. En vista de que estos cíclidos se reproducen con igual intensidad y regularidad, sea cual sea el método elegido, parece razonable concluir que la elección corresponderá a las circunstancias personales de cada aficionado.

El agua del lago Tanganyka es dura y alcalina, y los cíclidos del lago requieren condiciones similares en cautividad. Con valores de pH que oscilan entre 8.5 y 9.0 y dureza superior a 400 ppm TSD, puede ser todo un reto reproducir esta agua en casa. El proceso es menos problemático en zonas donde el agua sea naturalmente dura. Aquí poco más se necesita para mantener unas condiciones adecuadas para estos cíclidos a parte de añadir al filtro una capa de dolomita en polvo o polvo de conchas marinas. Muchos acuariófilos utilizan estos materiales junto a un filtro de placa bajo el sustrato en el lugar de la clásica arena de acuario cuarcítica o silícea. Esto no siempre produce el efecto deseado. El desarrollo de la flora bacteriana necesaria para el correcto funcionamiento de este filtro, envuelve la superficie de las partículas comprendidas en el filtro. Esto hace que las reacciones químicas de disolución en el agua queden muy atenuadas. Una menor cantidad de este mismo material dentro de un filtro de mochila que es limpiado regularmente es mucho más efectiva para tamponar el agua. En los lugares donde el agua es blanda, el uso de sales comerciales del Tanganyka consigue recrear adecuadamente las condiciones idóneas de agua para estos cíclidos. Su principal inconveniente es la limitada solubilidad de los carbonatos que son su principal ingrediente. Típicamente cuesta unos 3 ó 4 días a 25° C que estas sales queden completamente disueltas. Esto requiere una cuidadosa planificación de los cambios de agua.

Los cíclidos enanos del Tanganyka tienen muchas otras condiciones en común para su mantenimiento. La primera es bastante simple, si no intuitivamente obvia: la necesidad de una tapa que ajuste exactamente. Todos estos peces tienen una habilidad sobrenatural para encontrar salidas por lugares aparentemente infranqueables entre el marco del acuario y la tapa de cubierta. La causa más habitual para esta emulación de un misil Poseidón es un deseo comprensible de escapar a las gentiles carantoñas de un compañero de acuario. Como un pez no tiene ninguna manera de entender que su cuidador acudirá en su auxilio cuando se de cuenta de semejante ofensiva, este comportamiento es comprensible. Yo puedo asegurar por propia experiencia, sin embargo, ¡que conocer el porqué de que la hembra de una cara pareja de peces ha optado por la momificación es un escaso consuelo! Por tanto, mantengan estos peces bien tapados y eviten la sensación de tormenta en sus estómagos cuando descubran que allí donde debía haber dos peces sólo está nadando uno de ellos.

En segundo lugar, todos estos peces son altamente territoriales. El foco de este comportamiento es normalmente un refugio permanente que en las especies que desovan sobre el sustrato sirve también como lugar de desove. Los congéneres son invariablemente expulsados de este territorio con una eficiencia letal. Parece imposible que un pez con la estructura bucal de un Julidochromis o un Tanganicodus pueda herir seriamente o mucho menos matar a otro pez. Aun así el comportamiento de estos peces es tal que es imposible mantener más de una pareja en un acuario de 60 a 100 l. La convivencia de varias parejas en un acuario mayor está determinada por la disponibilidad de refugios. Cuantos más refugios haya disponibles, menor será el riesgo de asesinatos en masa. Afortunadamente estos peces parecen ser capaces de coexistir en parejas unidas durante largo tiempo, un hecho que ayuda a mantener baja la densidad de peces en el acuario y esto facilita mantener las concentraciones de metabolitos disueltos en niveles adecuados para el acuario.

Los peces que viven en las aguas medias o superiores son típicamente ignorados por estos cíclidos. De hecho, estas especies del Tanganyka son mucho menos tímidas cuando son alojados junto a peces escuela. Poecílidos de tamaño medio y los Godeidos menos agresivos son excelentes acompañantes para estos cíclidos, también los peces arcoiris de la familia Melanotaeidae. Tenga en cuenta que estos cíclidos tienen muy diferentes habilidades en cuanto a su capacidad piscívora. Por tanto puede ser necesaria la intervención humana para evitar que los cíclidos acaben ahogados entre alevines de peces escuela. Esta superabundancia de peces escuela no sólo causa mayor competencia de la deseable a la hora de la alimentación, sino que también puede resultar en una predación tal que impida la exitosa reproducción de estos cíclidos. Esto es particularmente verdadero si son usados Godeidos como peces escuela.

Todos estos pequeños cíclidos se alimentan de invertebrados en la naturaleza. No son caprichosos en cuanto a la alimentación en cautividad, tomando cualquier comida viva o congelada habitual en acuario, a pesar de que haya que tomar algunas precauciones para asegurar que los pedazos sean convenientemente ingeridos. Los gusanos Tubifex no son recomendados para ninguno de estos cíclidos ya que hay una relación directa entre su presencia en la dieta y las infecciones bacterianas sistemáticas. Los nauplios de Artemia son un alimento excelente y fácilmente producible tanto para alevines como para adultos.

Julidochromis ornatus
Un macho de Julidochromis ornatus, primero de los cíclidos enanos del Tanganyka en ser importado y reproducido en cautividad. Pocos de los peces disponibles hoy en el comercio están tan bien marcados como este ejemplar. Foto de Paul V. Loiselle.
Julidochormis ornatus
Un macho de la recientemente creada variedad albina de Julidochromis ornatus. Parece seguro que su popularidad aumentará pronto dentro del grupo de los enanos del Tanganyka. Foto de Paul V. Loiselle.
Julidochromis transcriptus
Aunque apenas lo parezca en condiciones de acuario, la librea de Julidochromis transcriptus es altamente críptica cuando es visto desde arriba contra el fondo moteado de las rocas entre las que vive en la naturaleza. Foto de Paul V. Loiselle.
Julidochromis marlieri
Un bonito macho de Julidochromis marlieri, primero de los Julidochromis grandes en ser exportado del Tanganyka. Aparte de un mayor requerimiento de espacio, estos robustos Julidochromis no difieren de sus congéneres más pequeños en cuanto a su correcto mantenimiento. Foto de Paul V. Loiselle.
Julidochromis regani regani
Un macho de Julidochromis regani regani. Esta subespecie de este gran Julidochromis es una de las más bonitas y buscadas entre los cíclidos de mediano tamaño del Tanganyka. Foto de Paul V. Loiselle.
Julidochromis regani affinis
Julidochromis regani affinis carece de las rayas laterales zigzagueantes de la subespecie nominal, pero a pesar de ello sigue siendo una adición atractiva a los acuarios del Tanganyka. Este ejemplar es un joven macho. Foto de Paul V. Loiselle.
Julidochromis dickfeldi
Las marcas faciales de este macho de Julidochromis dickfeldi, el representante más recientemente descubierto de los julies enanos, nos recuerdan a las de Chalinochromis brichardi, un cíclido próximamente emparentado que también procede la parte sur del lago. Foto de Paul V. Loiselle.
Chalinochromis brichardi
Un macho del morfo rayado de Chalinochromis brichardi. Aunque crecen demasiado para ser considerados cíclidos enanos, Los Chalinochromis se asemejan a los julies en su comportamiento y condiciones de mantenimiento. Foto de Paul V. Loiselle.
Telmatochromis bifrenatus
Una pareja de Telmatochromis bifrenatus. La marca en zigzag, que se aprecia más claramente en el tercio posterior de los flancos del macho sirve para distinguir esta especie de T. vittatus, el otro representante enano del género. Foto de Paul V. Loiselle.

El género Julidochromis es en todos los aspectos el punto de inicio para iniciarse en los cíclidos enanos del Tanganyka. Julidochromis ornatus Boulenger, 1898, es el decano en los acuarios de este grupo, habiendo hecho su debut en acuariofilia en los Estados Unidos y Alemania en 1959. Según Vierke (1979), esta importación resultó en el establecimiento de una línea viable de este bonito cíclido en Europa. A pesar de que también fue reproducido en acuario en los Estados Unidos, J. Ornatus no fue establecido allí hasta finales de los años 60. Esto puede ser difícil de creer en función de su pequeño tamaño y viva coloración, pero los escépticos deben recordar que todo esto sucedió antes de que ocurriera la Revolución del Malawi, que hizo que los cíclidos se volvieran habitantes respetados en los acuarios y surgiera el interés de los importadores y comerciantes por estos peces. Todos los Julidochromis enanos están actualmente disponibles en el comercio. De hecho en los Estados Unidos son por mucho los cíclidos más fácilmente disponibles de todos los cíclidos del Tanganyka. La probabilidad de que los lectores sean capaces de encontrarlos es una razón más para darles prioridad de divulgación.

El género comprende cinco especies descritas. Dos de estas, Julidochromis regani Poll, 1942 y Julidochromis marlieri Poll, 1956, crecen hasta 15.0 cm SL. A pesar de que estas especies son satisfactorios habitantes de comunidades y las parejas jóvenes se reproducen en acuarios de 60 a 100 l, eventualmente crecen demasiado para estos volúmenes, tanto por su gran fecundidad como por su gran tamaño adulto. Así pues, estos dos no pueden ser calificados como cíclidos enanos tal y como los he definido en esta serie de artículos. A parte de este aspecto, son habitantes deseables para cualquier acuario y sus requerimientos son idénticos a los de sus congéneres más pequeños con la excepción del tamaño de su tanque.

De acuerdo con Brichard (1978), todos los Julidochromis enanos son peces altamente petrícolas. Se encuentran normalmente en biotopos rocosos hasta profundidades de 35 m. A pesar de que son más abundantes en aguas de menos de cuatro metros de profundidad. Son pequeños cíclidos fuertemente dependientes de lugares fijos, desplazándose raramente más de unos pocos metros de un refugio permanente, ¡lo que hace que colectarlos en la naturaleza sea una proposición bastante interesante! Los miembros de este género son los únicos cíclidos en los que hay una evidencia de duración de las parejas para toda la vida. Debido a que estos cíclidos presentan una variabilidad enorme en cuanto a la librea, el reconocimiento de individuos marcados de forma peculiar y su seguimiento en la naturaleza es bastante factible. Brichard (comunicación personal) informa de haber visto las mismas parejas de Julidochromis ocupando las mismas cavernas durante un periodo de varios años. La facilidad con que estas parejas se pueden romper por un cambio en el ambiente (Lewis, 1975; Doyle, 1978) sugiere con firmeza que la base de estas largas alianzas es la defensa de un refugio más que la reproducción en sí misma.

Hay una creencia bastante extendida de que en los Julidochromis se invierte el patrón habitual de tamaños en los cíclidos, con las hembras invariablemente más grandes que los machos. Según Brichard (comunicación personal), esto no es ciertamente el caso en el lago Tanganyka, donde el miembro mayor de una pareja dada es generalmente el macho. Lewis (1975) ha sugerido que esta noción se basa en dos fenómenos independientes. El primero es la presencia de una papila genital muy conspicua en los machos de Julidochromis, que puede ser confundida con un tubo ovopositor. El segundo es que en cautividad los machos son las víctimas habituales de la violencia doméstica, con la circunstancia inevitable de que las hembras de las parejas de acuario son normalmente más viejas y por tanto mayores que los machos obtenidos como sustitutos. A pesar de los méritos de cualquiera de estas razonables hipótesis, ciertamente no aconsejo a ningún potencial comprador de cíclidos que piense en la base de que los peces más grandes de una camada son las hembras, cuando seleccionen peces en una tienda especializada.

No hay ninguna discusión en absoluto sobre la incidencia del trauma por la captura con el salabre de los jóvenes Julidochromis. Los especimenes pueden caer en shock tetánico del que no se recuperan después de la captura (White and White, 1977). Esto es raramente común, y no está restringido al género Julidochromis. Los factores que causan esto son poco conocidos. Estos episodios a veces, pero no de forma absoluta, ocurren tras largos periodos de caza. Lo que parece caracterizar estos shocks de salabre es la presencia de un estrés previo en la víctima, ya sea fisiológico o de comportamiento. El mejor consejo que se puede prestar a este respecto es intentar que el estrés sea el mínimo a través de un adecuado mantenimiento e intentar capturar los peces con tan pocas molestias como sea posible. Una ventaja de mantener estos peces en parejas en acuarios de 60 a 100 l es que las capturas son bastante más sencillas en estas condiciones que no en grandes acuarios comunitarios.

Los julies, como se les conoce cariñosamente por los aficionados a los cíclidos en los Estados Unidos, por otra parte, exigen pocos más requerimientos a su cuidador a parte de un acuario bien guarnecido. Yo prefiero utilizar rocas para lograr este objetivo, pero he visto julies mantenidos con éxito en acuarios decorados con tubos de PVC o tiestos de barro de tamaño adecuado. Una vez que se ha satisfecho su requerimiento de refugio, estos pequeños cíclidos se reproducen con facilidad. Como pasa con la generalidad de los cíclidos monógamos, el secreto del éxito es obtener un pareja compatible. La solución habitual de criar un grupo de juveniles hasta que alcancen la madurez en un acuario de gran volumen suele funcionar bastante bien. Sin embargo, se requiere una vigilancia muy intensa para prevenir que la primera pareja que se forme liquide a sus hermanos. Muchos criadores expertos colocan plantas de plástico en la superficie del acuario para proveer refugios a las víctimas de estos ataques. Los peces derrotados normalmente intentan escapar quedándose casi inmóviles cerca de la superficie del agua. Proporcionarles estos escondites no sólo incrementa sus posibilidades de llegar a adultos sino que además facilita la tarea de capturarlos una vez que han sido encontrados. Los peces adultos se emparejan también fácilmente en acuarios comunitarios, aunque estas parejas pueden ser inestables cuando son transferidas a un acuario separado para su reproducción. El hecho de tener peces escuela en el momento del traslado tiende a disminuir los riesgos de separación de la pareja. Una vez que se han adaptado a sus nuevos cuarteles, las parejas de julies son normalmente extremadamente estables. Esto simplifica mucho la vida del criador una vez que se ha conseguido formar la pareja.

Nunca he visto que el cortejo de los julies sea más explícito que la recíproca apertura opercular y erección de aletas. Esta tendencia a disimular los preliminares facilita mucho que no nos demos cuenta de una puesta. El hecho de que depositen los huevos en la caverna menos accesible que puedan encontrar tampoco simplifica la detección de los huevos. Una buena pista de que algo está ocurriendo es la negativa de la hembra a abandonar su refugio excepto para atrapar un pequeño pedazo de comida. Incluso esta tendencia puede ser malinterpretada si los peces son mantenidos en unas condiciones tales que promuevan sus tendencias reclusivas en lugar de su apertura al exterior. Los huevos ovoides, verdes biliosos miden alrededor de 1,5 mm en su eje mayor. Comparados con otros de cíclidos desovadores sobre sustrato, parecen recibir muy poca atención por parte de la hembra, mientras que el macho no tiene ninguna función en absoluto en su cuidado. Los cuidados parentales parecen reducirse en los Julidochromis a una mera custodia de los huevos. Los elementos higiénicos de otros cíclidos enanos son noticia por su rara ocurrencia. A pesar de esto, los huevos de Julidochromis no responden bien a la incubación artificial (Brock, 1978). Los huevos eclosionan en 72-80 horas a 25° C, y los alevines son móviles cuatro días más tarde. No hay ningún tipo de cuidado de los alevines por los padres. Tanto mientras se mantengan dentro del límite del territorio protegido por los padres serán beneficiarios de su activa defensa. De otra forma, los criadores los ignoran.

El problema que la mayoría de los acuaristas encuentran la mayoría de los acuariófilos a la hora de reproducir estos peces es el pequeño tamaño de los alevines en el momento de la natación libre. Los julies enanos están entre los escasos cíclidos cuyos alevines no pueden comer nauplios de Artemia como primer alimento. Los microorganismos del tapiz de algas pueden mantener a los alevines durante estos primeros días de natación libre. Una vez que han conseguido superar este primer paso de crecimiento, ya pueden comer nauplios, con lo que su crianza es mucho más sencilla. Es únicamente cuando la reproducción se da en un medio relativamente nuevo o cuando se toma la decisión de incubar artificialmente los huevos, cuando nos damos cuenta de lo poco apropiados que son los nauplios de Artemia como alimento inicial. Tanto los microgusanos como los rotíferos son excelentes alternativas a los nauplios de Artemia. Yo prefiero los primeros, ya que los microgusanos son mucho más fáciles de cultivar y de modo más seguro que cualquier tipo de infusorios. Incluso con una alimentación adecuada, los julies crecen bastante despacio. Los jóvenes alcanzan la madurez sexual a los 5.0 cm SL, lo que sucede entre 8 y 10 meses después de su nacimiento.

Si bien no son excesivamente protectores con sus alevines, según las pautas de los demás cíclidos, los Julidochromis adultos muestran una tolerancia marcada a la presencia de estos dentro del territorio parental. No es raro ver un acuario de cría bien establecido en el cual haya juveniles en varios etapas de crecimiento, desde larvas hasta más de 2.5 cm SL, que viven en perfecta armonía con sus padres. Esta tolerancia puede ser el resultado de la tendencia de estos cíclidos a extender su esfuerzo reproductivo durante un largo periodo. A menudo las parejas producen grupos de 8 a 12 huevos cada 3 a 5 días. Esto es funcional debido a la laxitud de los cuidados parentales de los julies, pero no podría funcionar si los reproductores expulsaran de su territorio a los descendientes más mayores antes de que estos fueran capaces de arreglárselas por sí mismos. Por su parte los juveniles de mayor tamaño ignoran a sus hermanos menores, aunque es bueno recordar que los más pequeños pueden encontrarse en una situación desfavorable a la hora de competir por la comida. Por tanto, deberemos hacer un esfuerzo especial para garantizar que cada uno consigue una ración adecuada en este tipo de acuarios. No es recomendable, por otra parte, abusar de la tolerancia de los julies adultos hacia sus descendientes durante un tiempo demasiado largo. Hay suficientes evidencias que indican que el estrés producido por la superpoblación puede afectar a los lazos de la pareja, lo que puede tener consecuencias letales para el macho (Lewis, 1975, 1976). Es una buena idea empezar a limitar la población a partir de la aparición de la tercera o cuarta camada de alevines.

Además, para hacer más interesante la vida del criador de julies, estos cíclidos tienen una alternativa a las puestas sucesivas, mejor descrita como reproducción explosiva. Después de un intervalo de abstinencia reproductora que puede durar varios meses, una pareja producirá de repente una gran puesta de hasta 200 huevos. Obviamente este hecho es mucho más apropiado para el criador semiprofesional que una sucesión de pequeños desoves cada semana durante un periodo de varios meses de duración. Me gustaría poder dar una receta para hacer que las parejas de Julidochromis pasaran de las puestas sucesivas a la reproducción explosiva. Sin embargo, esto es difícilmente posible ya que nadie tiene la menor idea de qué factores ambientales son los responsables de estos cambios de comportamiento reproductivo. Brichard (1978) cita la ocurrencia de ambos tipos de reproducción en la naturaleza, por lo que está claro que no es un mero artefacto consecuencia de la cautividad. Su sugerencia de que las parejas jóvenes empiezan con puestas continuas para cambiar más tarde a las puestas grandes aisladas es atractiva, pero como él mismo apunta, algunas parejas nunca cambian su modo de reproducción. No es descabellado pensar que detrás de esta dicotomía reproductiva, se encuentre, de alguna manera, la disponibilidad de alimento. Quizás la reproducción explosiva esté ligada en la naturaleza a la abundancia de algún tipo de alimento crítico, cuya disponibilidad permita la maduración de un gran número de huevos y además asegure la supervivencia de los alevines resultantes. Cuando se conozcan más datos sobre los ciclos ecológicos del lago Tanganyka, a lo mejor será posible intentar comprobar estas hipótesis de forma crítica, así como diseñar experimentos de laboratorio adecuados. Hasta entonces, la cuestión del cambio en el modo de reproducción de los Julidochromis seguirá siendo un enigma de los cíclidos.

Hay tres especies de Julidochromis que se clasifican como cíclidos enanos. Julidochromis ornatus, como decía antes, fue el primero en ser reproducido en cautividad. Según Brichard (1978), esta especie tiene una particular distribución discontinua en el lago. La primera importación fue de ejemplares recogidos a lo largo de la costa noroeste del lago, en el Congo. La segunda población conocida se sitúa en el extremo sur del lago, en Zambia. Según Vierke (1979) estos peces no fueron importados hasta 1975. Los peces del sur tienen una coloración de fondo amarillo muy pálido en contraste con el amarillo profundo de la raza del norte. Ambas razas muestran un dibujo idéntico de bandas laterales color chocolate. Anthony J. Piparo de Greenfield, Winsconsin, ha desarrollado una línea albina muy atractiva de J. ornatus. Esta variedad de color, que hizo su debut en la convención de la A.C.A. de 1980, parece que crece de forma más lenta que la variedad normalmente pigmentada, a pesar de lo cual es igualmente resistente y prolífica. Tony está trabajando ahora mismo con la generación F2 y espera poder introducirla pronto en los circuitos comerciales.

Los J. ornatus que se ofrecen hoy en día para la venta, son, desgraciadamente, bastante distintos de sus antecesores salvajes con respecto a la intensidad de su coloración amarilla y la integridad de las rayas laterales. Lo normal es encontrar rayas interrumpidas o parcialmente unidas, además los peces criados en acuario son normalmente de un color beige lavado en lugar de amarillo intenso. Muchos aficionados a los cíclidos culpan a la excesiva endogamia de estas taras. Sin embargo, el verdadero culpable es la ausencia de una cría selectiva. Los acuariófilos son normalmente un poco vagos en su selección de reproductores y raramente apartan los fenotipos discordantes de los alevines que hacen crecer para la venta o reproducción. La reluctancia a eliminar estos defectuosos es todavía más notable cuando el pez en cuestión es tan comercializable y provechoso como lo son las diferentes especies de Julidochromis. La tentación de buscar la cantidad en lugar de la calidad es en estos casos casi irresistible, pero el precio que se paga por sucumbir a ella es el deterioro progresivo de una especie desde su patrón original de coloración. La regeneración del fenotipo inicial es normalmente posible a partir de un programa riguroso de reproducción selectiva destinado a este fin. Este tipo de esfuerzos consumen mucho tiempo y pocos acuariófilos tienen la paciencia de llevarlos hasta el final. Es mucho más sencillo prevenir la degeneración de una línea de cría en acuario aplicando los principios del cruzamiento selectivo que intentar revertir posteriormente los efectos de muchas generaciones de negligencia.

Julidochromis transcriptus Matthes, 1959, fue el segundo de los tres julies enanos en ser importado como pez de acuario, tiene una distribución más amplia que el J. ornatus en el lago Tanganyka. Esto se refleja en una gran variabilidad del patrón de coloración. En acuario, la forma que más a menudo encontramos es esencialmente de color marfil con un ajedrezado negro en los flancos. Estos ejemplares proceden de las poblaciones de Julidochromis transcriptus del sur del lago Tanganyka. A veces son vendidos como Julidochromis "kissi". Las poblaciones del extremo norte del lago comprenden individuos casi completamente negros con dos filas paralelas de manchas más o menos circulares en los flancos, así como en la parte inferior de la cabeza. Según Brichard (comunicación personal) ocasionalmente se encuentran individuos completamente negros, generalmente en aguas profundas. Sin tener en cuenta la disposición de las manchas blancas y negras en los flancos, todos los J. transcriptus tienen el mismo borde azul iridiscente en las aletas que hace esta especie tan deseable como habitante de acuario.

El tercer julie enano, Julidochromis dickfeldi Staeck, 1975, es una especie recientemente descrita, cuya distribución está restringida a la parte sur del lago. Fue importada inicialmente a Alemania. J. dickfeldi hizo su debut en América en 1974 bajo la atrayente descripción de julie azul, lo que exagera la importancia de este color en su librea. Probablemente la característica más distintiva de esta especie es la forma de su aleta dorsal, cuyos radios anteriores son considerablemente más largos que los posteriores. El patrón de coloración es también algo inusual para un Julidochromis en varios aspectos. Las marcas cefálicas recuerdan al género Chalinochromis, que también parece estar restringido a esta misma distribución. Julidochromis dickfeldi es generalmente el representante más difícil de encontrar de este trío de cíclidos enanos del Tanganyka y normalmente suele ser más caro que J. ornatus y J. transcriptus. Para mí es una contradicción ya que, según mi opinión, su coloración es mucho menos atractiva que la de cualquiera de sus congéneres más fácilmente disponibles en el comercio.

El nombre Julidochromis se traduce literalmente como "cíclido Julis". Esto se refiere a la remarcable similitud entre la mandíbula anterior alargada de este grupo de peces y los lábridos marinos del género Julis. Es la ausencia de dentición especializada lo que nos permite distinguir de inmediato las especies superficialmente parecidas del género Telmatochromis de sus parientes cercanos del género Julidochromis. Telmatochromis vitattus Boulenger, 1898 y T. bifrenatus Myers, 1936 son ambos peces alargados, con boca relativamente pequeña cuyo comportamiento evasivo y su morfología característica los diferencian del resto de sus congéneres de mayor tamaño. Telmatochromis temporalis Boulenger, 1898 y T. caninus Poll, 1942, son carnívoros robustos con mandíbulas potentes. Según Brichard (1978) estas dos especies se mueven libremente sobre una gran variedad de sustratos, mientras que los dos Telmatochromis enanos están restringidos a biotopos rocosos, cuya protección raramente abandonan. Brichard también asegura que las dos especies mayores son capaces de reproducirse en situaciones relativamente expuestas, T. bifrenatus y T. vittatus sólo hacen sus puestas en cuevas o cavernas con aberturas extremadamente estrechas. Los requerimientos de lugares tan determinados para la reproducción en estas dos especies son un indicativo de su comportamiento mucho menos agresivo que el manifestado por sus congéneres más robustos. Este hecho, sin despreciar su coloración, ha ganado el afecto de los entusiastas de los cíclidos del Tanganyka.

Las dos especies enanas de Telmatochromis han sido confundidas en algunas ocasiones. Esto no es de extrañar, ya que ambas tienen un cuerpo alargado, marcado con rayas laterales oscuras sobre un fondo que va desde el beige pálido al amarillo. La situación se complica aún más cuando se sabe que hay poblaciones de ambas especies que tienen una banda adicional entre las presentes entre el dorso y la línea mediolateral. En algunos casos esto ha llevado a que los individuos con dos rayas sean citados como pertenecientes a una especie y los de tres rayas a la otra. Telmatochromis vittatus es el que tiene el cuerpo más ancho de los dos y un hocico mucho más redondeado que T. bifrenatus. La característica que mejor distingue ambas especies es la marca de zig-zag o herradura que está presente en el tercio posterior de los flancos de T. bifrenatus. Este diseño está presente incluso en los juveniles, pero nunca en T. vittatus. De las dos especies, la que más fácilmente se encuentra en Estados Unidos es T. bifrenatus.

El comportamiento y las condiciones de mantenimiento de ambas especies enanas de Telmatochromis es idéntico en todos los aspectos al de los julies enanos. Son, si cabe, todavía más elusivos en la elección del lugar para poner sus huevos color blanco opaco (Cooper y Arment, 1977). Los alevines son expertos en hacerse invisibles durante largos periodos de tiempo. Más de un acuariófilo se ha visto gratamente sorprendido por la aparición milagrosa de uno o más juveniles de 1.5 cm en un acuario en el cual sus habitantes parecían mantener una total abstinencia de relaciones. Asumiendo que se les pueda localizar antes, deben ser tratados de igual manera que los alevines de Julidochromis.

A parte de su extrema intolerancia hacia su coespecíficos y su ausencia de comportamiento pre desove aparente, estos peces justamente populares no se desvían demasiado de la noción habitual de cíclido enano. El resto de especies enanas del lago Tanganyka incluye los dos representantes menos ortodoxos del grupo, los cíclidos conchilícolas del género Neolamprologus y los cíclidos gobio de los géneros Eretmodus, Spathodus y Tanganicodus.

Bibliografía citada

  • Brichard, 1978. Fishes of Lake Tanyanyika. T.F.H. Publications, Neptune City.
  • Brock, H.R. Julidochromis ornatus Boulenger 1898. American Cichlid Association Cichlid Index. 3(10): 1-2.
  • Cooper, J.R, and H.L. Arment. 1977. Telmatochromis bifrenatus Myers 1936. Amer. Cichlid Assoc. Cichlid Index 2(8); 1-2.
  • Doyle, T.W. 1978. A Tanganyika community. Buntbarsche Bull. (74): 16-2l.
  • Lewis; R. 1975. And while we're on the subject of Julidochromis... Buntbarsche Bull. (47): 22 et seq.
  • Lewis, R. 1976. How many is too many? Buntbarsche Bull. (57): 13-17.
  • Loiselle, P.V. 1979. Neotropical dwarf cichlids FAMA 2(10); 22-28 et seq.
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Referencias (1):

Cita

Loiselle, Paul V. (agosto 27, 1997). "Cíclidos Enanos Africanos, Las Especies Del Lago Tanganyka (Parte 1)". Cichlid Room Companion. Consultado en octubre 21, 2019, desde: https://cichlidae.com/article.php?id=60&lang=es.

Sustituciones de nombres