Cichlid Room Companion

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Cíclidos Depedradores Gigantes, LOS VERDADEROS GUAPOTES

Por , 1998. printer
Publicado
Paul V Loiselle, 2004

Traductor: Manuel Zapater Galve (22-abr.-2000)

Clasificación: Detalles de la especie, Centro y norte -américa.

" What is a guapote? The term is applied in Central America to a group of large, attractively marked carnivorous cichlids ecologically analogous to the large and small mouthed basses of North America, Dr. Loiselle tell us all about them "

El Pablo de Guy Jordan, Parachromis dovii

¿Qué es un guapote? El término se aplica en América Central a un grupo de cíclidos grandes, bellamente coloreados y carnívoros, ecológicamente análogos a las percas de bocas grandes y pequeñas de Norte América. De un modo más específico, se refiere a un número de especies de gran tamaño que según Kullander (1996) pueden restringirse al género Parachromis y al monotípico Petenia splendida, cuyas mandíbulas protráctiles altamente especializadas los distinguen de otros cíclidos neotropicales como los del grupo de los Heroines. Estos robustos cíclidos comparten el papel de predadores en las comunidades de agua dulce del Sur de México y América Central con las catanes del género Lepisosteus y los peces gato pimelódidos del género Rhamdia. Su posición en el vértice de la pirámide trófica solo es discutida en la cuenca San Juan de Nicaragua, en el cual tanto el río San Juan como los Grandes lagos albergan a un trío de intrusos marinos: el pez sierra, el tiburón toro y el tarpón. No es por tanto exagerado decir que estos cíclidos tienen un mayor interés para los pescadores que para los acuariófilos, un hecho que ha llevado a la introducción de alguna de estas especies en hábitats fuera de su rango natural. Todos estos cíclidos son importantes para la alimentación es sus países de origen y algunos amigos que los han probado me han asegurado que son excelentes. (Para los morbosos, yo también he caído en la ciclidofagia, he comido un amplio rango de Tilapias en áfrica y también los excesos de cíclidos Midas de los laboratorios de Berkeley. Aunque no llegan a la calidad de la perca del Nilo, los cíclidos que he saboreado son bastante aceptables).

El género Parachromis es un conjunto de especies del grupo de los Heroines de tamaño medio a muy grande, caracterizados por las grandes, oblicuas y más o menos fuertes mandíbulas protráctiles. Regan (1905), que consideró entonces a estas especies como una parte del subgrupo Parapetenia, dentro de los Cichlasoma, reconoció una gradación en la especialización de acuerdo con la elaboración de los grandes dientes pseudocaninos presentes en la parte anterior de ambas mandíbulas. En las formas más evolucionadas, el par anterior de pseudocaninos de la mandíbula superior están muy desarrollados, decreciendo gradualmente los siguientes dos pares. En la mandíbula inferior sucede lo contrario, lo que genera un mecanismo muy eficiente para capturar y sujetar a los pequeños peces sobre los que estas especies depredan. El mismo Regan pensó que su clasificación era demasiado general y por tanto recolocó a varios Parapetenia en otros subgéneros (1907), una tendencia que continuó Eigenmann (1924), que movió a los tres representantes del grupo del Noroeste de Sudamérica al género Astateros. El género Parachromis tal y como se entiende hoy en día comprende principalmente a las especies piscívoras más especializadas situadas originalmente en Parapetenia por Regan.

Para ceñirme al objetivo de este artículo, restringiré los límites de las especies cubiertas a los géneros Parachromis y Petenia. Estos comprenden unas especies piscívoras caracterizadas por sus grandes bocas, mandíbulas moderadamente protráctiles armadas con dientes pseudocaninos superdesarrollados y una librea que comprende los siguientes elementos:

  1. Una banda mediolateral que o bien se mantiene intacta hasta llegar a la madurez sexual o se fragmenta en una serie de manchas laterales negras irregulares en los adultos.

  2. Un ocelo opercular bien desarrollado.

  3. La presencia de marcas vermiculares en la cabeza, flancos o en ambas áreas en los adultos en uno o ambos sexos.

Los sexos tienen un dimorfismo fuertemente marcado, siendo las hembras menores y con una coloración menos brillante en los periodos de actividad sexual. Además, hay una fuerte tendencia a que la hembra sea la dominada o a la protección en la boca de los alevines exclusivamente por parte de la hembra en determinadas circunstancias (Sterba, 1966; Meral, 1973). La tabla adjunta cita los representantes del género Parachromis, así como información sobre la historia de su distribución natural y su estatus como pez de acuario. La referencia a los mapas que acompañan el texto revela una distribución Antillana-Centroamericana para este conjunto de especies.

Puede parecer un insulto a la inteligencia de los lectores afirmar que son necesarios acuarios muy grandes (>200 l) para mantener cualquier cíclido predador correctamente, pero la falta de correlación entre el número de pequeños peces óscar vendidos cada año y el número de grandes acuarios, sugiere que hay muchos acuariófilos que aún no han captado el mensaje. Incluso un solo ejemplar adulto de cualquiera de estos cíclidos necesita un mínimo de 200 l de espacio vital. Cualquier cosa inferior es lo equivalente en la acuariofilia a las infames "jaulas para tigres" utilizadas para los prisioneros durante la Guerra de Vietnam. Dejando de lado el espacio para la natación, estos peces son tan exigentes en cuanto al ciclo del nitrógeno en sus acuarios que un volumen inferior de agua no deja ningún margen para el error. No es ninguna coincidencia que el interés de estos cíclidos para los aficionados coincidiera con la disponibilidad de grandes acuarios a precios moderados. El acuariófilo que no pueda o no quiera proporcionarles semejantes tanques a sus cíclidos debería dedicar su atención a las numerosas especies de cíclidos que pueden ser mantenidas con mayor facilidad.

Macho de Petenia splendida Macho de Petenia splendida de color normal. Las mandíbulas de P. splendida son mucho más frágiles y protráctiles que las del resto de guapotes. Están poco adaptadas para enfrentarse a los combates bucales con especies del género Parachromis, por lo que deben ser mantenidos en compañía de otros peces más pequeños y menos agresivos. Foto de Paul V. Loiselle.
Hembra de Petenia splendida Hembra madura de morfo normal de Petenia splendida, fuera del periodo de reproducción. Los Petenia son más tolerantes con sus coespecíficos que el resto de los guapotes, pero su gran tamaño significa que también requieren un tanque de grandes proporciones. Foto de Paul V. Loiselle.
Petenia splendida oligomelánico Un ejemplar del morfo rojo oligomelánico de Petenia splendida. Este robusto predador es conocido como el Red Bay Snook en Belize, Tenhuayaca en México y Guatemala. Foto de Paul V. Loiselle en el Acuario de Steinhart..
Macho de Parachromis managuensis Un macho en celo de Parachromis managuensis. El color rosado iridiscente de base es típico de las poblaciones costarricenses. El complejo reticulado negro de esta especie le ha valido el nombre vernáculo de "Guapote jaguar" en la mayoría de su rango de distribución. Foto de Paul V. Loiselle.
La serie de manchas negras repetida sobre el flanco de esta hembra de Parachromis managuensis son uno de los elementos más destacados de su coloración de celo, en contraste con la casi absoluta desaparición en el macho. Foto de Paul V. Loiselle
Macho oligomelánico Parachromis managuensis Macho de morfo dorado de Parachromis managuensis, esta forma de coloración es conocida con el nombre vernáculo "El Rey de los Guapotes" en Nicaragua. Foto de Paul V. Loiselle.
Parachromis dovii Macho en celo de Parachromis dovii. Este ejemplar pertenece a la población del lago Nicaragua, sobre la que se basa la descripción de la especie. Foto de Paul V. Loiselle.
Hembra madura Parachromis dovii Hembra madura de Parachromis dovii. Nótense las conspicuas manchas mediolaterales fusionadas y la ausencia de colores iridiscentes en el cuerpo y las aletas. El género Parachromis está caracterizado por este tipo de dimorfismo sexual, aunque no siempre tan acusado. Foto de Paul V. Loiselle.
Parachromis loisellei Macho adulto de Parachromis loisellei. Nótese la ausencia de manchas verticales en los flancos. Los padres de este espécimen fueron recogidos en Nicaragua. Foto de Paul V. Loiselle.
Hembra de Parachromis loisellei Hembra de Parachromis loisellei. La intensidad del color amarillo en esta especie es muy dependiente de la disponibilidad de precursores en la dieta. Foto de Paul V. Loiselle en el Acuario Steinhart.
Macho adulto Parachromis friedrichsthali Macho adulto de Parachromis friedrichsthali. Nótese la ausencia de manchas horizontales en los flancos. Los padres de este espécimen fueron recogidos en Nicaragua. Foto de Paul V. Loiselle en el Acuario Steinhart.
Hembra adulta Parachromis friedrichsthali Hembra de Parachromis friedrichsthali. Fuera del periodo de reproducción ambos sexos son muy similares en cuanto a coloración, pero difieren considerablemente en cuanto a detalles del cuerpo y las aletas. Foto de Paul V. Loiselle en el Acuario Steinhartthe sexes are quite similar in body coloration, but they differ considerably in details of their finnage. Photo by Paul V. Loiselle at Steinhart Aquarium.

De lo anterior se deduce que manejar bien el ciclo del Nitrógeno es lo más complicado en el mantenimiento de estos cíclidos gigantes. A pesar de que no son demasiado quisquillosos a cerca de las condiciones del agua, los guapotes no toleran altos niveles de nitritos y amonio disueltos. Cuando se sienten estresados por esta causa, se vuelven miedosos o se esconden, se pegan contra las superficies verticales o el fondo del tanque y su coloración se torna más oscura. Por sorprendente que parezca, ¡pierden incluso su gran apetito! A menos que se corrija rápidamente la situación, la exposición prolongada a estas fisiológicamente estresantes condiciones debilita la resistencia de los peces a los agentes patógenos, lo que puede llevar a la muerte por infecciones bacterianas sistémicas. La única manera realista de controlar el ciclo del nitrógeno en un acuario con estos grandes y voraces peces es utilizar un filtro exterior muy eficiente, junto a un programa regular y frecuente de cambios de agua. El gran tamaño de sus excrementos hace inútiles los filtros biológicos y satura tan rápidamente la capacidad de absorción de los medios químicos que convierten a estos en una ficción debido al elevado coste económico que supondría utilizarlos. Debido a que la eficacia de la filtración mecánica es función directa de la frecuencia con que se limpian las cargas filtrantes, un material reutilizable como EhfiFix TM es la única alternativa viable para estas condiciones de rápida saturación. Dacron u otras fibras sintéticas pueden costar menos dinero en un principio, pero el coste de reemplazarlas cada poco tiempo pronto superará el precio inicial de compra de EhfiFix TM. Los acuariófilos difieren entre ellos al establecer el programa de cambios de agua y limpieza de filtros que se debe utilizar con los grandes cíclidos. Como la mayoría de los disputantes parecen tener un grado similar de éxitos en el mantenimiento y reproducción de sus peces, parece lógico suponer que la consistencia con que se siga un determinado régimen es más importante que los detalles del mismo. Mi preferencia es limpiar el filtro cada vez que parece necesitarlo y cambiar un 40%-50% del volumen del acuario cada diez a catorce días.

Aunque vivirán bien dentro del rango 20°C - 30°C, el cuidador prudente de guapotes mantendrá a sus mascotas en el extremo inferior de este rango de temperaturas, a no ser que quiera inducir la reproducción. Entre 20°C y 22°C estos cíclidos tienen una tasa metabólica inferior que a temperaturas más altas. En consecuencia, se reduce su apetito y, de forma consecuente, su volumen de metabolitos. Esto simplifica el control del ciclo del nitrógeno y reduce la cuenta de la pescadería. También es importante si los guapotes se mantienen en tanque comunitario, ya que los guapotes son significativamente menos agresivos en el extremo inferior de su rango ideal de temperaturas.

Al contrario que otros peces predadores, los guapotes no necesitan que su comida esté viva y en movimiento. Esto los hace más fáciles de alimentar que los peces hoja o los caracínidos piscívoros, ya que aceptarán cualquier pedazo de carne de tamaño comestible. La mayoría de los aficionados a los guapotes los mantienen de adultos a base de pienso para truchas o comida de gatos semihúmeda de la que se encuentra normalmente en el mercado, suplementados con comidas congeladas como corazón de buey y filetes de pescado troceados a un tamaño adecuado. Comida viva como lombrices de tierra, peces, gambitas o cangrejos suelen ofrecerse como estimulantes. Yo pienso que a estos cíclidos debe dárseles tanta comida viva como nos permita nuestro presupuesto, en particular si uno pretende inducirlos a reproducirse. A parte de ser nutricional y psicológicamente beneficioso, la comida viva suele consumirse de una forma menos alborotada, lo que resulta en una menor cantidad de partículas finas en el agua del acuario, cuya descomposición es la que complica el mantenimiento del ciclo del nitrógeno en el acuario de los peces. Con cualquier comida que se les alimente, los guapotes muestran un tremendo apetito que es más fácil aplacar con varias comidas pequeñas al día que con una sola mayor.

Cuando se les alimenta hasta la saciedad con peces vivos, las siguientes especies: Parachromis dovii, P. managuense y P. motaguensis, muestran en cautividad un comportamiento que es único dentro de estos peces. Estos guapotes seguirán capturando presas, pero en lugar de matarlas e intentar tragarlas, llevarán en sus bocas pequeños peces hasta seis horas, empujándolos hacia los molinos faríngeos de uno en uno a medida que va avanzando la digestión de las presas anteriormente consumidas. La eficiencia de este sistema de alimentación no es discutible, pero es un tanto inquietante ver las caras de tantos peces pequeños que se asoman desde dentro de la boca entreabierta del guapote. Otra peculiaridad en el comportamiento alimentario de estos peces en cautividad es la tendencia a rechazar a los peces de aletas duras si han sido alimentados anteriormente con peces de aletas blandas como las gambusias y alevines de carpín. Como los guapotes se alimentan de ambos tipos de peces en la naturaleza: de aletas blandas (poecílidos y carácidos) y de aletas duras (pequeños cíclidos), este comportamiento no refleja más que las preferencias de los individuos. Como la preferencia es altamente influenciable por la motivación, la observación que se oye frecuentemente de que un guapote come solo carpines, explica más de la habilidad del pez para adiestrar a su dueño que el valor nutritivo de ese particular pez. Si un piensa ceder ante estas demandas tróficas, obviamente no hay ningún problema. Sin embargo, si uno piensa que estos peces pueden servir como un medio ecológicamente razonable de eliminar peces indeseables o debe depender de un amplio rango de alimentos vivos, este comportamiento no debe ser aceptado. Cuando se encuentre con un comportamiento de este tipo por parte de un guapote, eleve simplemente la temperatura a 25°C y continúe sin alimentarlos durante unos días. Como el apetito es la mejor salsa para todo, la comida previamente rechazada será comida con deleite después de este prolongado periodo de ayuno forzoso.

Casi cualquier cosa que se ha escrito en otras partes sobre la tendencia de los grandes cíclidos a arreglar su entorno inmediato (Mortensen, 1978; Loiselle, 1980) se aplica en mayúsculas a los guapotes. No es que tengan una mayor tendecncia que los diablos rojos o los chanchitos a mover la grava o empujar las rocas. El problema viene de su mayor tamaño. Lo que los hace mucho mejores en este tipo de demolición subacuática que sus parientes de menor tamaño. A pesar de lo interesante que pueda ser esta combinación de habilidad más inclinación en la naturaleza, puede traer consecuencias desastrosas en cautividad, donde la caída de una roca puede causar el equivalente al diluvio de Noé. Un contratiempo de este tipo puede tener consecuencias fatales para su autor y sus compañeros de acuario, y puede tener también efectos desastrosos para el estado marital de su cuidador si al agua se le ocurre caer en otro lugar diferente de un suelo desnudo de hormigón. La prudencia nos dice por tanto que cualquier roca que se utilice en el acuario de estos cíclidos debe estar apoyada firmemente sobre el fondo del tanque. Si un trozo de roca tiene un cierto juego por pequeño que sea, cambie su posición hasta encontrar la de estabilidad máxima, que no permita ningún tipo de movimiento lateral. También es de los más estúpido, poner las rocas de tal manera que el vértice sea más ancho que la base sobre la que descansa. Tal configuración es sensible a ser modificada después de unos cuantos golpes. Estas consideraciones son también válidas para agrupaciones de varias rocas pequeñas. Además, es poco sabio emplear rocas de menor tamaño que un pomelo en este tipo de estructuras libres, porque pueden ser fácilmente desplazadas, de nuevo con resultados posiblemente desastrosos. Una vez que se han colocado las rocas, se puede añadir la arena del fondo. Ya que estos peces no toleran plantas enraizadas en el sustrato, no hay mucho que ganar con una capa gruesa. Un sustrato de no más de 3 cm servirá para tapar el fondo del acuario y será más difícil que queden atrapadas en él partículas finas de detritus, que en una capa más gruesa. Según mi experiencia, no hay que molestarse demasiado en dar una inclinación particular a la arena en un acuario de guapotes. Como los peces la distribuirán según su gusto, simplemente la intento repartir de una forma más o menos homogénea sobre el fondo.

Algunos guapotes tienden a desarrollar una violenta aversión contra los sifones de agua y los calentadores. Estos individuos intentarán sacarlos del acuario con unos cuantos golpes vigorosos de su hocico hacia arriba. Estos esfuerzos, cuando tienen éxito, parecen una buena imitación de los misiles de Poseidón saliendo de la rampa de lanzamiento y su resultado es un filtro inoperante (y posiblemente quemado) o un calentador roto.

Otros individuos la toman contra un calentador y se dedican a golpearlo repetidamente contra las paredes del acuario o una roca hasta que se dan cuenta de que está suficientemente muerto. Esto no suele tener ningún efecto drástico sobre el pez, pero puede ser literalmente electrificante contra cualquiera suficientemente desafortunado como para entrar en contacto con el agua del acuario antes de que el calentador roto sea desconectado. Los individuos solitarios son los más propensos a efectuar esta clase de ataques contra esos tubos de cristal, pero algunos peces lo harán a pesar de vivir con otros congéneres.

La única manera de evitar estos sabotajes es que los peces no tengan acceso a los sifones ni a los calentadores. El incluirlos dentro de campanas de succión no suele servir para nada, aunque sea el remedio generalmente recomendado, no suele funcionar demasiado bien, ya que los guapotes pueden liberarlos con facilidad. La mejor manera de proteger estos dispositivos es separar los dos rincones traseros del acuario con una división perforada antes de llenarlos de agua. Una pieza precortada de plexiglas con agujeros de 0,5 cm aproximadamente, que permitan la libre circulación de agua a su través, servirá de forma admirable para este propósito. Deberá ser pegada con silicona. ¡Cualquier guapote que pueda reventar estas medidas de seguridad debería ser donado a la Marina como candidato a un equipo de demolición subacuática!

El último toque necesario para convertir un acuario en una residencia apropiada para estos predadores es una tapa bien ajustada. A menudo los guapotes se sienten muy incómodos en sus nuevos aposentos. Cuando se enfrentan a algún tipo de estímulo abrupto pueden responder intentando saltar fuera de su nuevo hogar. Los juveniles de Parachromis dovii y Petenia splendida son particularmente propensos a este comportamiento, pero el cuidador prudente debe anticiparse a este tipo de eventos en cualquier guapote y a cualquier edad de los mismos. Una pantalla de plantas flotantes sirve para reducir la cantidad de sombras que se ciernen sobre el fondo del acuario y sirve así para minimizar la probabilidad de estas escapadas precipitadas, que por muy adecuadas que sean en la Naturaleza, pocas veces sirven para algo bueno en cautividad. Si se va a recolocar a un pez en un nuevo acuario, coger a su vez una roca de su antigua residencia puede ayudar a minimizar el trauma del cambio de residencia. Pero la mejor defensa contra este tipo de sucesos es una tapa que impida físicamente que el pez pueda saltar fuera del acuario. Dada la talla de estos cíclidos, un trozo de cristal de ventana no es lo suficientemente pesado para esta función. Debe usarse bien un cristal de mayor grosor (más pesado, por tanto) o bien colocar un objeto pesado como un ladrillo sobre el cristal para proporcionar el peso deseado.

Muchos acuariófilos asumen que debido a su tamaño, los guapotes no pueden ser mantenidos con otros peces. Esto no es verdad. Los guapotes no son más complicados de mantener en acuario comunitario que otros miembros del complejo de cíclidos diablo rojo-Midas (Loiselle, 1.980), con la única diferencia que necesitan mucho más espacio libre para la natación. La cosa más importante que hay que respetar es que con la única excepción de Petenia splendida, estos cíclidos son sumamente intolerantes intraespecíficamente y tampoco se comportan mucho mejor con otros vecinos del grupo de los guapotes. Si uno recuerda siempre esto, no hay grandes obstáculos para poder alojar a un individuo solitario junto a otros peces lo suficientemente grandes como para no ser devorados fácilmente.

Como los pequeños guapotes no aparecen por generación espontánea ni son traídos por la cig¨eña, la intolerancia mostrada por estos peces hacia sus congéneres no siempre se manifiesta con los del sexo opuesto. Sin embargo, sí hay unos cuantos obstáculos que deben ser resueltos para inducir la formación de una pareja en cautividad, donde incluso en los mayores acuarios son demasiado pequeños para dar a los dos individuos el suficiente espacio de maniobra que evite el riesgo de infligir serias heridas o incluso la muerte al otro. El acuariófilo que desee observar la formación de una pareja en un modo seminatural, deberá criar un grupo de 6 a 8 juveniles en un gran acuario junto a otras especies de cíclidos. Parece ser que los guapotes alcanzan la madurez sexual a un tamaño mucho menor en cautividad que en la naturaleza, posiblemente entre 8 y 12 cm SL, dependiendo de la especie en cuestión. En un acuario de 400 l (el absoluto mínimo requerido para esta experiencia) estos jóvenes adultos pueden emparejarse con éxito. Dado que la formación de la pareja es un proceso relativamente lento, el acuariófilo puede ir retirando a los individuos superfluos antes de que se encargue de ello la pareja, mientras que los individuos de otras especies aprenderán a alejarse del territorio de cría que vayan estableciendo. Dos individuos como estos, de distinto sexo pueden también emparejarse con éxito en un acuario comunitario, pero dado que la madurez sexual es muchas veces anterior a la aparición de caracteres sexuales secundarios fiables, la mayoría de los aficionados prefieren elegir un grupo de juveniles para estar seguros de que conseguirán al menos una pareja, antes que intentar elegir al azar un macho y una hembra de un acuario de jóvenes adultos.

La rara disponibilidad de estos cíclidos en los circuitos comerciales hace que el futuro criador de guapotes tenga que trabajar con una reducida cantidad de adultos. Permitir que estos individuos se emparejen de modo natural es raramente una alternativa viable, dado el enorme volumen requerido para que el riesgo de mortalidad en la pareja se mantenga dentro de unos límites aceptables. En estas circunstancias la única forma de trabajar es adoptar el llamado método del divisor incompleto. Para poner en funcionamiento esta técnica, el acuarista divide el tanque en dos con una pantalla transparente o un cristal, que no apoya de forma sólida contra el fondo. Dada la fuerza bruta de estos cíclidos, es crítico conseguir asegurar la división de la forma más segura posible, y se utiliza otro material distinto del vidrio, asegurar que podrá resistir los embates de ambos sexos intentando acercarse al otro pez. Un lugar adecuado para el desove es un trozo grande roca plana o una maceta de barro de unas 8" (20 cm) de diámetro, cortada verticalmente y sujeta por uno de sus extremos, que se colocará a unos 15 cm de distancia de la división en la parte de la hembra, entonces se introducirá a cada uno de los peces en su nuevo alojamiento.

Una alimentación generosa y una buena dosis de paciencia llevarán a un desove sin necesidad de un contacto directo entre los dos compañeros. A pesar de que la fertilización no será efectiva al 100%, el número de huevos depositado es tal que incluso si sólo eclosionan un 50% de los huevos, el aficionado tendrá en sus manos más alevines de los que pueda criar adecuadamente. Como la hembra es la que se encarga de forma exclusiva del cuidado de la puesta en la naturaleza, el macho apenas sufrirá por la forzosa separación a la que se ve sometido. A 25°C, la eclosión tiene lugar entre 72 y 80 horas después de la puesta y los jóvenes, que son desplazados de un lugar a otro por su madre, empiezan a nadar libremente entre 3 y 4 días después. Una vez que puedan nadar libremente podrán pasar de un lado a otro de la división, teniendo por tanto ambos progenitores la posibilidad de ejercer de padres. Dado que el ejercicio de la tutela parental incluye el atacar las extremidades de cualquiera que esté enredando dentro del acuario de los padres, el acuariófilo prudente deberá tenerlo en cuenta antes de hacer según qué tipo de manipulaciones en un acuario con una pareja de guapotes y su descendencia.

Los alevines en el momento de nadar libremente son lo suficientemente grandes como para poder ingerir nauplios de Artemia recientemente eclosionados y comida preparada finamente dividida. Con una buena alimentación, crecen de manera prodigiosa. Las crías de la mayoría de las especies pueden comer Daphnias una semana después de empezar a nadar, mientras que las de C. dovii pueden incluso atacar Artemias adultas. Deben ser alimentados por lo menos dos veces al día para asegurar un crecimiento óptimo y que sus requerimientos de mucus paternal no aumenten demasiado. En algún momento entre las sexta y la octava semana, las características rayas laterales empiezan a fragmentarse, un proceso que comienza con las primeras escaramuzas serias entre los alevines. Yo supongo que los cuidados parentales en la naturaleza acaban en este momento. Si todavía no han sido separados de sus padres, deben serlo ahora. En condiciones favorables, la madurez sexual llega entre 10 y 20 meses después de la eclosión, siendo Petenia splendida mucho más tardía en este respecto que las especies del género Parachromis.

Dada la gran cantidad de alimentos que requieren los jóvenes y la intolerancia entre ellos que empiezan a desarrollar tan tempranamente, no tiene ningún sentido intentar criar una puesta completa de estos cíclidos. Un criador comercial de peces puede llegar a tener suficiente alimento y espacio para 5000 alevines de guapote, pero no un criador normal. Es mucho más adecuado retirar un 90-95% de los alevines antes de que empiecen a nadar dejando a los padres con un respetable número de alevines a cuidar que intentar la imposible tarea de criar una puesta completa. Los alevines no deseados pueden ser utilizados como comida viva para un amplio rango de peces. Los alevines restantes crecerán de forma mucho más rápida y dado que tendrán más espacio, se reducirá el número de pérdidas por agresiones entre ellos. Desde el punto de vista económico, es también más probable conseguir un mejor precio de venta unitario por una centena de guapotitos que por varios miles de ellos.

Después de haber leído todo lo anterior, el acuariófilo medio (de hecho, cualquier persona sana) no puede ser culpado por preguntarse a quién le puede apetecer mantener esta especie de diablos. Ciertamente, hay un amplio rango de cíclidos brillantemente coloreados, cuyo comportamiento reproductivo es igualmente interesante y cuyo mantenimiento es indudablemente más barato en cuestión de tiempo y dinero. La mayor atracción que los guapotes ejercen sobre el aficionado es su comportamiento altamente idiosincrasta y respondón. Particularmente pienso que cuando se mantienen en solitario, un P. dovii o P. managuense adulto puede tener tanta personalidad como un perro o un gato y su misma inteligencia. No hay ninguna duda al respecto de que estos peces pueden responder de manera diferente a distintas personas y establecen un vínculo con su cuidador que va más allá de una simple respuesta a la comida como en la mayoría de otros peces de acuario. Como cada vez más a menudo la gente vive en apartamentos donde las mascotas de cuatro patas no están permitidas, el atractivo de estas mascotas acuáticas seguro que aumentará. Mientras los aficionados a los guapotes entiendan que este tipo de animales requieren para estar sanos y felices tantos o más cuidados que un animal de compañía convencional, pueden esperar muchos años de compañía de uno de estos resistentes, inteligentes y altamente sensibles cíclidos.

Petenia splendida Günther 1862

Tamaño adulto: Machos hasta 60.0 cm LE. Hembras hasta to 40 cm. LE.

Distribución: Sudeste de México en el río Grijalva, llegando hasta la cuenca del río Usumacinta a través del norte de Guatemala y hasta Belize (Miller, 1966). La localidad tipo es el lago Peten Itza en Guatemala, de donde viene su nombre genérico. Introducido en la cuenca del río Papaloapan en el estado de Tabasco, México (Sevilla, 1977).

Hábitat: Característico de lugares de aguas calmas como lagos, meandros y lagunas costeras, o las zonas más tranquilas de los rápidos de los grandes ríos. A menudo se le encuentra en zonas densamente plantadas (Klee, 1971; Norris, 1971) o cerca de troncos o vegetación aérea sumergida.

Comentarios: Los individuos rojos de esta especie aparecen en numerosas localidades. En algunos lugares, hasta 1/3 de las parejas observadas consistían en un macho de color normal y una hembra roja (barlow, cometario personal). Según Bill Macrum, el principal criador comercial de esta especie, los P. splendida rojos son fértiles, pero no comienzan su metamorfosis de color hasta que no alcanzan al menos 10 cm SL, un año después de su nacimiento. Importado como pez de acuario por primera vez a los Estados Unidos en 1970, Petenia splendida es aún vendido por el nombre que se le conoce en Belize: Red Bay Snook.

Parachromis dovii (Günther 1864)

Tamaño adulto: Machos hasta 75 cm LE, Hembras hasta 50 cm LE.

Distribución: En las costas Atlántica y Pacífica de Costa Rica, parte Atlántica del río San Juan de Nicaragua, incluyendo los Grandes Lagos hasta el este de Honduras (Miller, 1966, 1976).

Hábitat: Lugares de aguas limpias, sobre fondos firmes, bien en lagos o en ríos. La preferencia de Parachromis dovii por hábitats lacustres le vale su nombre de lagunero en Nicaragua. Normalmente asociado a lugares con troncos o ramas sumergidas. Los juveniles suelen estar en zonas con densa vegetación acuática (Meral, 1973). Se encuentra hasta una profundidad de 10 m en el lago Jiloa, un lago cráter en Nicaragua (Davies and McKaye, 1978).

Comentarios: Las poblaciones de P. dovii en el lago Nicaragua y en el río Puerto Viejo incluyen individuos rojo-anaranjados, a menudo con manchas negras irregulares en el cuerpo y las aletas. El primer individuo importado como pez de acuario a los Estados Unidos en 1962 era uno de estos peces oligomelánicos. Todos estos peces son grandes, mayores de 35 cm SL (Meral, 1973). No se sabe nada de la genética y ontogenia del oligomelanismo en P. dovii.

Las poblaciones de los valles del Pacífico en Costa Rica difieren de las de los valles Atlánticos en varios detalles de las aletas y la coloración. Hay una posibilidad de que sean reconocidas como especies o subespecies distintas en el futuro.

Parachromis managuense (Agassiz 1858)

Sinónimos: Parachromis gulosus

Tamaño adulto: Machos hasta 50 cm LE., Hembras hasta 40 cm LE.

Distribución: Valles Atlánticos de América Central desde el sur de Costa Rica hacia el norte hasta el río Patuco en Honduras (Miller, 1966, 1976). Introducido en el lago Amatitlan, Guatemala; la cuenca del río Chamelecon en el norte de Honduras y los lagos Ilopango y Coatepeque, El Salvador (Bleicke, 1972). La localidad tipo es el lago Managua, de donde su nombre específico.

Hábitat: Aguas turbias, de poca corriente sobre fondos blandos. Capaz de reproducirse con éxito en un amplio rango de biotopos, desde pequeños afluentes de los grandes ríos, hasta charcas estacionales (Bleicke, 1972). Se encuentra asociado a hábitats rocosos en los Grandes Lagos de Nicaragua (McKaye, 1977).

Comentarios: Los individuos dorados de P. managuense son muy raramente encontrados en los lagos Managua y Nicaragua (Astorqui, 1971). Su rareza puede deberse al hecho de que al contrario que otros morfos oligomelánicos que ocurren de modo natural en otros cíclidos Neotropicales, los alevines de estos P. managuense son amarillos desde su nacimiento, lo que los pone en mayor riesgo de ser depredados que a sus congéneres pigmentados. El oligomelanismo de P. managuense estña determinado por un solo gen que se comporta como recesivo según el mendelismo. Un complejo poligénico parece controlar el tamaño de las manchas de color residuales (Loiselle, 1973). Importado por primera vez a los Estados Unidos en 1964, P. managuense fue el primer guapote centroamericano en ser reproducido en cautividad.

Parachromis motaguensis (Günther 1869)

Sinónimos: Ninguno

Tamaño adulto: Machos hasta 30 cm LE., Hembras hasta 20 cm LE.

Distribución:El Salvador y ambas costas de Guatemala. La localidad tipo es el río Motagua, Guatemala, de donde viene su nombre específico.

Hábitat: Zonas calmadas de los pequeños arroyos en Costa Rica y del río San Juan en Nicaragua. Esta especie parece no haber penetrado en los Grandes Lagos, a pesar de que es muy común en hábitats lacustres y ribereños a lo largo del segmento Pacífico de su rango (Hildebrand, 1926).

Comentarios: Esta especie fue importada en los Estados Unidos como Cichlasoma friedrichsthali. Algunos artículos recientes que tratan de esta especie se refieren realmente a Parachromis motaguensis.

Parachromis friedrichsthali (Heckel 1840)

Sinónimos: Cichlasoma multifasciatum Regan 1905

Tamaño adulto: Machos hasta 30 cm SL, hembras hasta 20 cm SL.

Distribución: Sur de México desde justo el este del río Coatzacoalcos hasta la Península del Yucatán, la costa Atlántica de Guatemala y Belize. Según Miller, (1966), el rango de esta especie llegaría hasta Costa Rica en su extremo sur. En vista de la confusión que ha durado mucho tiempo en la literatura entre esta especie y P. motaguensis, parece prudente admitir que el límite meridional del rango de Parachromis friedrichsthali debe aún ser determinado.

Hábitat: Se encuentra en un amplio rango de hábitats a lo largo de su rango de distribución. A menudo asociado a vegetación o troncos sumergidos.

Comentarios: Esta especie fue importada originalmente a Alemania desde el sur de México en 1914. No se consiguió reproducir y por tanto se perdió para el hobby. Se importó por primera vez en Estados Unidos en 1974 y se reprodujo por primera vez en el acuario Steinhart en 1978. El nombre de P. friedrichsthali ha sido aplicado erróneamente a P. motaguense (ver arriba) y a Cichlasoma atromaculatum, Regan 1912 (Goldstein, 1973; Mayland, 1978), una especie cuyo rango se extiende desde la costa Pacífica de Ecuador hacia el norte hasta Panamá.

Parachromis loisellei Bussing 1989

Sinónimos: Ninguno

Tamaño adulto: Machos hasta 30 cm LE., Hembras hasta 20 cm LE.

Distribución: Se encuentra en hábitats apropiados de la vertiente Atlántica del Río Negro en el este de Honduras (Martin, 1972) tan al sur como la laguna costera de Chiriqui en el oeste de Panamá (Loffin, 1965). En la costa Pacífica se encuentra en el río Tamarindo (Villa, 1982) en Nicaragua.

Hábitat: Las aguas turbias de los arroyos, pantanos y ciénagas.

Comentarios: Parachromis loisellei posee una gran variación merística intraespecífica, que llega a superponerse con los parámetros de P. friedrichsthalii en el Petén, Guatemala. A pesar de eso, la coloración de celo y de cuida de las crías es asombrosamente diferente de las formas que viven en Costa Rica.

Referencias (27):

Cita

Loiselle, Paul V. (mayo 21, 1998). "Cíclidos Depedradores Gigantes, LOS VERDADEROS GUAPOTES". Cichlid Room Companion. Consultado en noviembre 24, 2020, desde: https://cichlidae.com/article.php?id=92&lang=es.