Cichlid Room Companion

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Cuidados del Parachromis Motaguensis (Güenther, 1866)

Por , 1998. printer
Publicado
Vinod Kutty, 1998

Traductor: Antón David Pérez Rodríguez (30-ene.-2003)

Clasificación: Mantenimiento en cautiverio, Centro y norte -américa.

(Este artículo fue originalmente publicado en Cichlid News Magazine Oct-94 pp. 10-13, se reproduce aquí con el permiso del autor Vinod Kutty y Aquatic Promotions).
Parachromis motaguensis
Un macho de Parachromis motaguensis en el acuario, mira esos dientes impresionantes! Pez y Foto por Vinod Kutty.

Las especies del género Parachromis son grandes cíclidos depredadores centroamericanos conocidos por el nombre de "guapotes". Las mayores especies del grupo (P. dovii y P. managuensis) son decididamente más piscívoras que sus primos más pequeños, P. friedrichstallii, P. motaguensis y P. loisellei. Todos ellos están presentes en la afición, pero unos más que otros. Las parejas reproductoras de Parachromis motaguensis son sin duda los peces más coloreados de entre todos los guapotes, y por lo tanto son muy apreciados. El nombre con el que se conoce a esta especie en Europa es el de cíclido tigre rojo, y al ver a una hembra reproductora enseguida queda claro el porqué.

El Parachromis motaguensis es una especie fluvial que prefiere zonas con árboles caídos y grandes rocas. Werner (1990) cita temperaturas de entre 20° y 30° C en su hábitat natural. El agua es relativamente blanda, pero alcalina. Se alimenta de invertebrados, vivíparos y otros peces pequeños. Algunos cíclidos simpátricos son Thorichthys aureus, Amphilophus robertsoni, Archocentrus spilurus, Vieja maculicauda, y Chuco microphthalmus. Su área de distribución se extiende desde la confluencia de los ríos Richuelo y Motagua en Guatemala hasta los tributarios del Motagua en Honduras, en la vertiente atlántica. Loiselle (1980) también lo cita en la vertiente pacífica de El Salvador.

Mató y devoró a todos los peces arcoíris, y tuve que sacar la pareja de Archocentrus centrarchus del acuario

Como la mayoría de las grandes especies cetroamericanas, el Parachromis motaguensis es muy resistente y puede adaptarse a diversas condiciones químicas del agua, siempre que se eviten los extremos. Aunque no son muy sensibles a los residuos nitrogenados, se desarrollan mucho mejor con cambios de agua frecuentes. Mi pareja vive en un acuario de 200 l y cambio la mitad cada semana.

Inicialmente compré tres juveniles, un macho y dos hembras. Los puse en el acuario de 200 l junto con una pareja adulta de Archocentrus centrarchus y algunos peces arcoíris como peces diana. Un mes más tarde la pareja de A. centrarchus quiso criar, comenzaron las peleas y el macho de Parachromis motaguensis saltó del acuario. Por suerte mi importador tenía otro, y lo compré enseguida. El nuevo macho supo mantenerse lejos de los problemas, alimentándose con gránulos, lombrices y pececillos (comen de todo) hasta que tras cuatro meses alcanzó 15 cm. Entonces quedó claro quién iba a ser el nuevo amo del acuario. Mató y devoró a todos los peces arcoíris, y tuve que sacar la pareja de Archocentrus centrarchus del acuario. Incluso destruyó un enorme helecho de Java. Pero, debido a su rareza y hermosura, supe disculparle todas estas faltas menores.

Teleogramma brichardi
Pareja de Parachromis motaguensis en el acuario, macho en frente. Pez y Foto por Vinod Kutty.

Una vez que se quedaron solos en el acuario, el macho y la menor de las hembras (10 cm) hicieron pareja enseguida y comenzaron a hostigar a la mayor (12.5 cm). Tras un mes de intesificación de los colores, cortejos y torturas para con la otra hembra (que retiré por su propia seguridad), la pareja puso cerca de 500 huevos, cada uno de unos 2 mm de diámetro. El cortejo consistió en apertura de opérculos y rápidos ataques de la hembra hacia el macho sin llegar a contactar. Se agarraron pocas veces por la boca y sólo sacudieron la cabeza un par de días antes de la puesta.

Los huevos hicieron eclosión 72 h más tarde y los alevines ya nadaban pasados cuatro días. Los alevines pueden comer nauplios de artemia desde el primer momento, y lo hacen con gusto. Una vez que los alevines ya nadaban, los padres vigilaban celosamente cualquier cosa que se moviera. Como con la mayoría de las especies centroamericanas, la hembra se encarga de cuidar huevos y crías y el macho vigila el perímetro del territorio. No es muy aconsejable ponerse ahora a cambiar el agua si el macho mide más de 15 cm. La velocidad y ferocidad de su ataque es explosiva y sabe hacer buen uso de sus dientes. A menudo sus acometidas contra el cristal causan que se le rompa alguno, pero otro lo sustituye en pocas semanas. Los ataques suelen centrarse en dedos o manos desprotegidas, y mientras estos peces están criando se incrementan las visitas de mis amigos al cuarto de los peces.

Parachromis motaguensis
Hembra de Parachromis motaguensis con su cría en el acuario. Pez y foto por Vinod Kutty.

Este nivel de agresividad sólo está presente durante las dos primeras semanas después de que los alevines comienzan a nadar. Durante este periodo, las posibilidades de supervivencia de cualquier otro compañero de acuario son muy bajas (por no decir nulas). Dado que si los adultos están bien alimentados siempre se muestran dispuestos a criar, muy pocos peces pueden tolerar este acoso constante, por lo que la mejor opción es mantener las parejas aisladas.

Un día me encontré a la hembra desescamada e inmóvil en una esquina

Ahora a principios de 1994 mi macho mide cerca de 25 cm y la hembra alrededor de 15 cm. La pareja ha vivido sola en su acuario desde su primera puesta, y pese a la ausencia de peces diana nunca han mostrado signos de incompatibilidad. Gracias a esto, no me he visto obligado a usar el método de la barrera divisoria incompleta. Es probable que, dado que el macho está creciendo bastante, tenga que mover la pareja a un acuario mayor. La longitud máxima citada para esta especie es de 30 cm. El número de huevos se ha ido incrementando en cada nueva puesta, y ahora la hembra pone alrededor de 2000. Los alevines crecen bastante despacio en comparación con otras especies de guapote, llevándoles cinco meses alcanzar unos 5 cm, a pesar de los 8-10 cambios de agua al mes. Probablemente crecerían más rápido en acuarios mayores y con cambios aún más frecuentes. Es complicado alimentar a los alevines durante las dos primeras semanas debido a la agresividad del macho, los objetos tales como cuentagotas que uso para administrar los nauplios de artemia son atacados con saña, impidiendo dejar la comida cerca de los alevines. Por ello es necesario moverlos a otros acuarios para criarlos adecuadamente. Un macho de Parachromis motaguensis puede alcanzar 12.5 cm en su primer año de vida, y está listo para criar medio año más tarde. Los alevines parecen soportar mejor el cambio de alimento vivo a alimento preparado que otros Cichlasomini (N.E. Ahora Heroini). Sin embargo no le ponen ningún reparo a los tubifex o a las artemias. La coloración adulta se hace patente cuando tienen cinco meses de edad, y por entonces las agresiones y el canibalismo ya han reducido el número de crías a menos de 100.

Así pues, aunque los alevines de esta especie no son los más fáciles de criar, pocos aficionados a los cíclidos americanos dejan pasar la oportunidad de criar una pareja de esta preciosa especie. A pesar de su belleza, el Parachromis motaguensis es sorprendentemente escaso en la afición. Dado que no es más complicada de mantener qque cualquier otro guapote, es de esperar que esto cambie pronto.

P.D. (Abril, 1994), posiblemente como consecuencia de un aumento repentino de la temperatura del agua, a agresividad del macho mostró lo mejor de sí misma, y un día me encontré a la hembra desescamada e inmóvil en una esquina. La aislé e intenté tratarla, pero en vano; murió algunos días más tarde. Aunque al mantener grandes cíclidos uno debe estar preparado para algo así, no dejó de sorprenderme, pues habían convivido en paz durante más de dos años. En fin, yo había esperado criar esta pareja durante al menos diez años. desde luego, a la hora de criar grandes cíclidos el único método seguro es el usar una barrera incompleta.

Referencias citadas

  • Loiselle, P. V. 1980. Giant predatory cichlids: the true guapotes. FAMA 3(8):39-47.
  • Werner, U. 1990. Der prachtigste aller guapotes: die rote tigerbuntbarsch 'Cichlasoma' motaguensis. TI International 100:5-7.
Parachromis motaguensis
Hembra de Parachromis motaguensis con crías en el acuario. Pez y Foto por Vinod Kutty.

Cita

Kutty, Vinod. (julio 25, 1998). "Cuidados del Parachromis Motaguensis (Güenther, 1866)". Cichlid Room Companion. Consultado en marzo 08, 2021, desde: https://cichlidae.com/article.php?id=99&lang=es.